Ordenación diaconal de Paul Thang: “El amor de Cristo me apremia”

El domingo 2 de agosto por la mañana, en el gimnasio de la parroquia María Auxiliadora —de la presencia salesiana misionera en Chos Malal—, el teólogo vietnamita Paul Dinh Quoc Thang SDB fue ordenado diácono por la imposición de manos y la oración consecratoria de Mons. Fernando Croxatto, obispo de Neuquén.

“El amor de Cristo me apremia” (2 Cor 5, 14) es el lema que eligió Paul para su ordenación, el mismo lema que eligió Don Jaime De Nevares, cuando fue ordenado obispo de Neuquén.

De la celebración participaron el Padre Inspector, Manuel Cayo; el Vicario Inspectorial, P. Osvaldo Braccia; salesianos de distintas presencias en la Patagonia; familiares de Paul, y jóvenes y familias de la comunidad chosmalense.

Luego de la lectura del Evangelio del día (Mt 14, 13-21) y antes del rito de ordenación, Mons. Croxatto compartió la homilía con el P. Inspector.

“La fidelidad de Jesús, la fidelidad de Dios, es tan grande frente a la nada nuestra… Todo lo que tenemos es pura gracia. Recibilo a Él como pura gracia. Poné al Señor en tu corazón, serví como Él y buscalo a Él para que tu testimonio sea, para todos nosotros, la imagen de Jesús”, dijo el obispo.

A continuación, le dio la palabra al P. Manuel, quien expresó: “Como bien sabe hacer, me contaban que cuando llegó por primera vez, hace 13 años, enseguida buscó aquellas cosas que más lo pusieran en contacto con la gente y con los jóvenes. Una de esas cosas fue precisamente el baile folclórico. Por eso, es una de las características bonitas que encontramos en Paul: esta disponibilidad a entrar en contacto con la gente. El idioma no fue nunca una barrera; al contrario, siempre buscó otras maneras de entablar vínculo. Por eso, la gente lo quiere tanto”.

“Tu ministerio, Paul —continuó el P. Inspector—, nos recuerda a todos nosotros lo fundamental de la vocación cristiana. Es esa imagen que vos elegiste, que es chiquita, pero muy potente: la imagen del Buen Samaritano junto a tu lema. La caridad de Cristo nos urge a servir, como nos lo recuerda a todos esa imagen”.

Y puntualizó: “Gracias a vos y a tu familia por ese corazón misionero y generoso que te trajo a esta tierra, permitiéndote vivir este día al verdadero estilo de Don Bosco. Mirando, por sobre todo, a los jóvenes que tanto necesitan de tu servicio, estás llamado a transmitirles el servicio y la compasión de ese Dios que nos trajo hasta acá”.

Entre los saludos que recibió, desde el Equipo Diocesano de Pastoral Aborigen (EDIPA) de Neuquén, mediante una carta afirmaron: “Confiamos en que Don Jaime De Nevares, primer obispo de Neuquén, desde la Casa del Padre, interceda por vos y te acompañe siempre. Que su ejemplo de pastor sencillo, valiente y profundamente comprometido con el pueblo mapuche, con los trabajadores, los pobres y los perseguidos, sea también una inspiración permanente para tu ministerio diaconal”.

Luego de la ordenación, el diácono Paul agradeció a Dios, a la Congregación, al obispo, a sus hermanos salesianos, a las comunidades salesianas por las que pasó en este tiempo en la Inspectoría y a la gente que lo acompañó.

“Quiero también agradecer a la Inspectoría Vietnamita, a la Inspectoría de Argentina Sur, a la Inspectoría Lombardía (Italia) y a la Inspectoría del Medio Oriente por escucharme, ayudarme y formarme siempre en mi vocación salesiana (…) Agradezco a los profesores en Vietnam, Italia (Crocetta) y acá en Argentina (UCA) por la formación intelectual y de espiritualidad salesiana”, afirmó el novel diácono.

Sobre los lugares en los que vivió, sostuvo: “Quiero agradecer a la comunidad del Buen Pastor (Isidro Casanova), donde viví y terminé mis estudios en la formación sacerdotal. No me olvido de agradecer a las comunidades en las que viví: la comunidad de Mar del Plata, la de Trelew y la de Bariloche. Agradezco a todos los jóvenes con los que me encontré y compartí en la vida salesiana. Me ayudaron a vivir intensamente mi vocación salesiana”.

Finalmente, agradeció a su familia: “A mis abuelos, a mis padres, quienes me dieron la vida y la fe. Crecí rodeado de su amor. Somos ocho hermanos. Nunca nos faltó nada. Nos dieron todo lo que tuvieron. Siento siempre el amor de Dios a través del amor que me dan. Me enseñaron a amar y a compartir con otros. También quiero agradecer a mis hermanos, quienes siempre me acompañan en oración y me apoyan en mis decisiones”.

Como comunidad inspectorial, agradecemos a Paul por su espíritu inquieto, cercano y misionero, y rezamos para que siempre sea un humilde servidor de Dios al servicio de la juventud.

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