P. Valentín Rebok: “Límpido, sencillo, fiel, humilde, irradiando alegría y simpatía…”

Historiador. Gran amante de la historia de la presencia salesiana en la Patagonia. Participaba con gusto de ACSSA. Fue el Director del Archivo Histórico Salesiano de la Patagonia por muchos años y lo cuidó celosamente. Queridísimo por su sencillez. Estuvo muchos años en casas de formación y era el confesor de la mayor parte de los hermanos jóvenes. Si bien era tímido, su bondad y fraternidad le permitían establecer relaciones muy cálidas con todos y se prestaba sin complejos para las bromas que le gastaban los formandos, aunque sabía defenderse. Le gustaba dar clases, aunque era algo pesado en sus exposiciones y no siempre era claro en las consignas de los trabajos prácticos, pero siempre terminaba aprobando a todos. Sus exámenes en el Juan XXIII de Bahía Blanca eran interminables; no era raro que cerrase el Instituto y el seguía tomando exámenes -cerca de media noche- teniendo que salir por la casa salesiana junto a los últimos alumnos que rendían (Testimonio de Vicente Tirabasso).

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Nació en Zagreb, Croacia, el 21 de febrero de 1944 y murió en Buenos Aires 6 de julio del 2012. Tenía 50 años de profesión religiosa, 40 de Sacerdocio y 68 de edad. Pasó su formación salesiana en Fortín Mercedes y Viedma. La teología en Roma y trabajó después de la ordenación en Fortín Mercedes, la escuela agrícola de Luis Beltrán. Volvió a roma para especializarse en historia, en la Gregoriana. Dio clases después, en el Instituto Juan XXIII, de Bahía Blanca, pasó luego a las comunidades de La Piedad y la antigua Zatti, hoy Emús, siempre en Bahía. Con la unificación de las inspectorías, fue destinado al teologado de San Justo, desde iba como profesor de Historia de la iglesia al ISET. En Bahía Blanca, había sido secretario inspectorial del 1996 al 97 y luego del 2002 al 2005. Estuvo también de encargado del Archivo histórico salesiano.

Jorge Rebok, un importante médico en su Patria natal, Croacia, era director del hospital, donde nació el 21 de febrero de 1944, su octavo hijo, el menor de todos, Valentín Pablo. Era el final de la segunda guerra y ese día los aliados bombardearon Zagreb. Para esconderse en el refugio antiaéreo, su mamá debió huir con el bebé en brazos bajando las escaleras a pie. Emilia Vojvoda, era la madre, de profesión maestra y los hermanos de Valentín, eran tres hermanas, Elena, Emilia y Gabriela y dos hermanos, Juan y Nicolas. Otros dos habían fallecido antes de nacer Valentín.

Los acontecimientos posteriores al final de la guerra fueron trágicos. Tito, implantó un régimen comunista, que persiguió y mató, cerca d 100.000 croatas. Entre estos mártires, se contaba una tía de Valentín, médica también, que no quiso huir para cumplir con los deberes de su profesión. También Jorge, el papá, se quedó en el hospital de Zagreb, cumpliendo también con su misión hasta el final. Entre tanto la madre con todos sus hijos, huyó a Austria instalándose en un campo de refugiados. El exilio ya duraba dos años, cuando recién entonces tuvieron noticias del papá, que gracias a la Cruz Roja y a los franciscanos croatas en Roma, había podido emigrar y trabajaba en el Instituto San Jerónimo de Roma.

 

La familia

Estos contactos y sobre todo la intervención de los franciscanos croatas, le valieron poder emigrar a la Argentina, desde donde tramitó la venida de su familia.

Trabajó de médico ad honorem durante un tiempo y gracias a sus méritos y a algunos amigos del ministerio de salud, pudo convalidar sus títulos y le ofrecieron ir a Lamarque en Río Negro, como médico del pueblo. Trabajó con energía generosa y desinteresada, tanto en el pueblo como en la zona rural, pues era en realidad, el único médico. Llegó a sr tan reconocido que lo nombraron director del Hospital rural y pudo instalar su hogar en una casa nueva, para reunir a su familia. Una hermana fue a estudiar a Buenos Aires y los dos varones se fueron a Fortín Mercedes al aspirantado salesiano. Finalmente, apear e la resistencia de sus padres, también Valentín fue al aspirantado.

 

Virtudes y cualidades de Valentín

Capacidad de amistad: Muchos años después, ya de grande, conservaba el recuerdo de los que habían sido sus compañeritos de estudios primarios, en el campo de refugiados en Austria. Hacía culto de la amistad y conservada a sus amigos y compañeros, comunicándose siempre con ellos, por todos los medios que fuera.

 Amor por la historia y geografía: Amante apasionado de la historia, la enseñaba a sus compañeros que llegaban de Italia o España para el noviciado y debían rendir equivalencias, para poder enseñar. También la geografía que conocía por los lugares en que vivió, era incluso un medio de contemplación de la naturaleza y del cielo estrellado.

Sistemático y ordenado: Los días de vacaciones, en Lamaque, en la casa de sus padres, eran días de trabajo organizando archivos de los diarios y revistas que recibía su padre médico. Llegó a ser un valioso ayudante del gran historiador salesiano Pascual Paesa, en la fundación del archivo histórico salesiano de Bahía Blanca. Su estudio predilecto, que luego lo convirtió e su tesis de estudio, fe “la filosofía de la Historia”.

Colaborador generoso: Consciente de sus limitaciones pastorales para estar en medio de los jóvenes -era más un teórico, estudioso- solía decir: “Yo no soy capaz de animar un campamento o un retiro o un encuentro de jóvenes, pero quiero estar a disposición para liberar a otros que pueden hacerlo”… y en ese sentido asumía la suplencia en misas o confesiones u otras atenciones sacramentales.

Piedad eucarística y mariana: Los años de formación en Fortín Mercedes y Viedma, lo marcaron a fuego. El contacto con grandes salesianos, misioneros, o fue fogueado en su vocación y el discernimiento hecho en sus años de estudios en Roma, con la delicadez de conciencia que tenía y la seriedad y determinación de su carácter, terminó la obra. Amaba la oración y era reflexivo por naturaleza. Vivió profundamente su salesianidad y era riguroso consigo mismo.

Lo que lo caracterizó fue su actividad como docente y como historiador, pero se destacó también como archivista dirigiendo el archivo histórico salesiano de Bahía, que él había contribuido a crear. Era siempre positivo, construía vida de familia y fraternidad, era mediador por naturaleza y sumamente constructivo en comunidad.

 

Asesor de exalumnos

El movimiento de alumnos fue su gran amor. Ya creada la nueva inspectoría de ARS, el Padre Fernández Artime, lo nombró asesor inspectorial de exalumnos y a pesar de las dificultades de la enfermedad, se esforzaba, por participar de las reuniones y viajar a distintos puntos para participar en ellas, Pero indudablemente, recordaba con particular amor, a sus amigos los exalumnos fortinenses.

 

Cómo lo recuerdan sus hermanos

Benjamín Stochetti, lo describe como “límpido, sencillo, fiel, humilde, irradiando alegría y simpatía, piadoso, sin poses, disponible por convicción de la vida consagrada, cultivada en el ambiente de recia fe cristiana de su patria y de una rica y solida cultura de sus padres y hermanos. Y para rar en esta circunstancia, nada mejor que dejarnos iluminar y saborear algunos salmos, sobe la paternidad materna de dios, su providencia, su misericordia”.

“Creemos en la resurrección y por eso seguimos viendo a Valentín, con su sonrisa afable, su cercanía de hermano, su entrega sencilla y generosa entre nosotros. He compartido mucho con Valentín. Tan solo me queda darle gracia y decirle que interceda, para que todos podamos vivir una fidelidad así, cotidiana, sin ruido alegre. He compartido esta noticia de la Pascua de Valentín a todas las parroquias de la diócesis, ya que él era muy conocido y querido por el clero y muchos laicos lo conocían bien. Por otro lado, Lamarque fue su segunda cuna y allí la familia Rebok, es muy conocida y valorada”.

 

El combate final

Él mismo definió así, el proceso de su enfermedad. Los mismos hermanos, que lo cobijaron durante ese proceso en su casa, afirman que no saben si sufrió dolores físicos o psicológicos. Siempre su sonrisa era la respuesta para todo momento.

“Durante su devastadora enfermedad – escribió su hermano Juan -, sólo enunció una molestia, en un estado de seminconsciencia en terapia intensiva. Luego la fue llevando cristianamente, aceptándola, per haciendo lo posible, de su parte, para una eventual curación. Atravesó una cirugía mayor, con sesiones de quimio, con gran valor. Tanta agresividad, le hizo exclamar que, si lo hubiera sabido, no la hubiera aceptado voluntariamente. Pero se notaba un especial cuidado para no preocuparnos ni transferirnos su sufrimiento. A nuestras preguntas respondía siempre, que estaba bien”.

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