“En el Oratorio sentí que Dios me invitaba a algo más”

“Ser instrumento de Dios para los jóvenes”. Así define Lucas García, de 30 años de edad, su sentido como Salesiano. Y aclara: “en especial los que se encuentran solos y necesitados de un oído que escuche”.

Lucas es oriundo de la Casa Salesiana Juan Segundo Fernández, de la ciudad de San Isidro, Buenos Aires. Actualmente, atraviesa la etapa formativa del posnoviciado y, como experiencia de verano, estuvo trabajando con los salesianos de la comunidad de Chos Malal, en Neuquén.

 ¿Qué significa para vos ser Salesiano de Don Bosco?

Para mí, ser Salesiano de Don Bosco es haber sentido el llamado de Dios a entregar la vida por los pibes, en especial los últimos, invisibilizados, en riesgo. Se trata de ir tras las huellas de Jesús en nuestra vida, en lo sencillo, en lo simple y en lo cotidiano, encontrándose con Dios y su Reino-Oratorio siendo buscador y signo del Amor entre, para y por los jóvenes.

Esta misión a la que nos llamó Dios a través de Don Bosco no la vivimos solos, sino que se sostiene entre hermanos con quienes hemos sentido el mismo llamado y quisimos dedicar nuestra vida a servir a los pibes.

¿Cómo se despertó en vos este interés por la vida religiosa?

La inquietud surgió en la Casa Salesiana Juan Segundo Fernández, dónde estudié, trabajé y conocí el oratorio. Estando en el patio en medio de los pibes, acompañando, escuchando, en el fondo… compartiendo la vida, fui descubriendo que eso me plenificaba. Sentía que lo que vivía en el Oratorio quería que sea para toda la vida y en todo momento y fue ahí donde sentí que Dios me invitaba a algo más.

Estaba entregando gran parte de mi vida a la educación de los pibes, me sentía muy feliz, pero a su vez sentí que Dios me estaba pidiendo salir de la comodidad para darme más. Ese paso implicaba un gran salto, que luego de algunos años de acompañamiento y discernimiento, de idas y venidas, y de la famosa pregunta “Lucas, ¿nunca pensaste en ser salesiano?” me animé a dar y seguir buscando. Fue así que me sume como peregrino en la comunidad de Emaús en Bahía Blanca y posteriormente en las demás etapas formativas.

¿De qué se trata la experiencia que estás haciendo en Neuquén?

Durante el mes de enero, los salesianos en formación inicial hacemos la experiencia de sumarnos a las actividades de verano de alguna de las casas de la inspectoría. Este año, me tocó compartir con la comunidad de Chos Malal, en el norte neuquino. Esta es una obra misionera, es decir, acompaña a varias comunidades presentes en parajes en el campo, pequeños pueblos de los alrededores y comunidades mapuches.

Durante el mes de enero, junto a los salesianos del lugar, hemos podido realizar y acompañar varias actividades de las capillas y los lugares de misión. Los primeros días, junto a Fernando Arce SDB hemos acompañado una cabalgata de unos tres días celebrando a San Sebastián, partiendo desde el pueblo de Barrancas, teniendo cómo destino final el pueblo de Cochicó. Ha Sido una muy linda experiencia donde encontrarse con la fe de las personas, con historias de vida y de contacto con la naturaleza.

Concluida la cabalgata, junto a Fabián Colman SDB hemos participado del campamento anual del batallón en formación de Chos Malal que se realizó Bella Vista. Durante una semana y bajo el lema “todo por amor, nada por la fuerza” hemos podido compartir varios días siendo testigos del hermoso proceso que vinieron haciendo los chicos durante el año.

La segunda semana, hemos podido acompañar, al menos unos días, la construcción de la capilla en Cajón de los Barros, que es una veranada de una comunidad mapuche. Allí, además, hemos podido visitar a algunas familias para escuchar y compartir la Buena Noticia en el marco de la misión que venían realizando las Hijas de María Auxiliadora.

Finamente, la última semana hemos realizado una misión juvenil en El Cholar, un pueblo de los alrededores de Chos Mal. Además de la visita a las familias, la eucaristía y bautismos, hemos vivido el oratorio junto a unos veinte adolescentes de entre trece y veinte años que se animaron a compartir sus historias en profundidad entre juegos, charlas, oraciones, deporte y hasta un minicampamento.

¿Cuáles son tus expectativas como consagrado?

Mis expectativas cómo consagrado están vinculadas a las motivaciones que siento para estar haciendo la opción de vida a la que me siento llamado. Principalmente tienen que ver con el poder ser instrumento de Dios para los jóvenes, en especial los que se encuentran solos y necesitados de un oído que escuche, un hombro dónde apoyarse y brazos dispuestos a un abrazo. Esto no lo entiendo desde una teoría o como algo que está en el aire flotando, sino como acciones concretas, jugadas por el Amor, osadas. Son estás experiencias de Amor profundo las que van transformando la vida y formando el corazón, no solo la de los pibes, sino la nuestra, también.

Recién compartía que una de mis motivaciones era vivir el oratorio toda la vida, entonces también como expectativa está presente el poder dar hasta lo último de la vida en medio de los últimos, los que han sido y siguen siendo un gran signo en mi vida del amor de Dios.

 

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