Román Jesús Perea tiene 18 años, cursa el 7° año en el Colegio Deán Funes, de Comodoro Rivadavia, y desarrolló una innovadora herramienta digital especializada en jurisprudencia y legislación que facilita la búsqueda de información jurídica.
Ingresó en primer grado, por lo que realizó todo su recorrido escolar en esta Casa Salesiana. Al mirar hacia atrás, Román reconoce que el colegio fue mucho más que un lugar de estudio. En su trayectoria atravesó momentos difíciles, pero también encontró una comunidad que lo acompañó con respeto, cercanía y cuidado. Con el paso del tiempo, pudo comprender con mayor profundidad una expresión muy propia de la identidad salesiana: la escuela como casa. “Con el tiempo entendí eso que siempre dicen: que la escuela es una casa, no solo un colegio”, expresa durante un encuentro que se realizó en la escuela.
Desde chico, Román se sintió atraído por la tecnología. Siempre tuvo curiosidad por los videojuegos, las nuevas plataformas, la realidad virtual, los celulares y las herramientas digitales. Esa inquietud lo llevó a explorar distintas posibilidades, aprender por su cuenta y animarse a desarrollar un proyecto propio.
La idea de su aplicación surgió a partir de una necesidad concreta planteada en su entorno familiar. Su tía, vinculada al ámbito jurídico, le comentó las dificultades que muchas veces aparecen al buscar información legal de manera rápida, precisa y confiable. A partir de esa inquietud, Román comenzó a pensar una herramienta que pudiera ayudar en ese proceso.
Así nació una aplicación de inteligencia artificial especializada, por el momento, en jurisprudencia y legislación de Chubut. La propuesta está pensada principalmente para abogados, funcionarios y personas vinculadas al ámbito jurídico. Su objetivo es facilitar la búsqueda de información, trabajando no solo por palabras clave, sino también por contexto, y respondiendo a partir de fuentes oficiales.
Román cuenta que en pocas semanas logró armar una primera base funcional del proyecto, pero luego continuó durante varios meses mejorando el diseño, la precisión y la seguridad de las respuestas. Uno de los principales desafíos fue lograr que la inteligencia artificial interpretara correctamente fechas, fallos, enlaces y términos jurídicos, evitando respuestas imprecisas o demasiado generales.
Para desarrollar la aplicación aplicó conocimientos vinculados a programación, estructura web, front-end, back-end, conexiones mediante webhooks, bases de datos, inteligencia artificial, construcción de prompts, investigación y organización de información. También reconoce que aprendió sobre marketing, comunicación y aspectos legales.
“Aprendí a arrancar desde cero, a investigar y a resolver cosas que no estaban explicadas en ningún lado”, señaló.
Aunque no se define como programador en sentido estricto, Román destaca que pudo comprender la lógica necesaria para construir una web, conectar una inteligencia artificial con una base de datos y automatizar procesos. También aprendió a utilizar distintas inteligencias artificiales como herramientas de trabajo, ajustando instrucciones, comparando respuestas y utilizando capturas de pantalla para mejorar los resultados.
El proyecto también tuvo una motivación personal. Román expresa que quería demostrarse a sí mismo que podía crear algo propio y aprovechar las oportunidades que tenía. En ese camino, valora el acompañamiento del colegio, el ambiente del taller y la formación recibida, no solo desde lo técnico, sino también desde lo humano. Si bien proyecta estudiar Licenciatura en Finanzas, reconoce que su paso por una escuela técnica salesiana le dejó herramientas importantes: aprender haciendo, resolver problemas, animarse a crear y buscar respuestas frente a necesidades reales.
Al dejar un mensaje para otros estudiantes, Román insiste en la importancia de valorar lo que uno tiene y respetar los propios tiempos. También menciona que las redes sociales muchas veces generan presión, mostrando permanentemente historias de éxito, pero que cada proceso personal necesita maduración. “Lo primero es valorar lo que uno tiene. Desde ahí uno puede empezar a hacer algo”, expresó.
Y agregó: “Cada uno tiene su tiempo”.
La historia de Román muestra cómo una inquietud personal, un problema concreto y el uso creativo de la tecnología pueden convertirse en una experiencia de aprendizaje significativa. También refleja algo profundamente salesiano: cuando la escuela se vive como casa, el conocimiento no queda encerrado en el aula, sino que se transforma en proyecto, servicio y posibilidad de futuro.

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