Un fin de semana para crecer como personas

El fin de semana del 23 al 25 de mayo se llevó a cabo, en Caleta Olivia, el AGRES, una experiencia religiosa fundamental destinada a las metas parciales de Baqueanos y Antorchas, de los Exploradores Argentinos de Don Bosco.

El encuentro contó con la participación de jóvenes de las comunidades del Batallón 29 (Comodoro Rivadavía), Batallón 35 (Esquel), Batallón 71 (Comodoro Rivadavía), Batallón 86 (Caleta Olvia), Batallón 90 (Trelew), Batallón 91 (Puerto Deseado) y Batallón 92 (Río Gallegos). Para llevar adelante este retiro, se conformó un equipo especial de trabajo integrado por Gonzalo Gallegos, Florencia Fischer y Emiliano Calvo, coordinadores de la Zona Sur; por Pablo Mansilla, Sol del Batallón 92; por Noelia Mera, Sol del Batallón 35; y por Eliana Mansilla y Rocío Barrionuevo, Soles del Batallón 86.

La experiencia se estructuró sobre tres ejes principales: Navidad, Pascua y Pentecostés. El objetivo central del retiro fue que cada joven comience a descubrir a Cristo hombre como un ideal de vida presente en sus propios compañeros, buscando conocerlo, imitarlo y seguirlo mientras se preparan para el servicio.

A través de la vida de Jesús, los participantes pudieron analizar sus propias historias personales. Fue un espacio propicio para amigarse nuevamente con Dios, plantearse cómo es la relación con Él y reflexionar sobre la propia Pascua: identificar los dolores que muchas veces no se comparten con nadie y aprender a perdonarse a uno mismo, con la certeza de que después de toda muerte siempre hay una resurrección. Además, los jóvenes aprendieron a brindarse apoyo mutuo en estas dolencias, reconociendo el rostro de Cristo en el otro.

Uno de los momentos más emotivos del fin de semana ocurrió cuando se les entregaron fotos de su niñez junto a cartas escritas por sus familias y sus respectivos Consejos Locales. En estas cartas se relataba su crecimiento personal a lo largo de los años en el Movimiento Exploradoril, recordando momentos felices, tristes y las fortalezas que los mantuvieron en este camino. A pesar de la distancia, sentir la presencia y el acompañamiento de sus seres queridos conmovió profundamente a los jóvenes, quienes pudieron tomar dimensión de todo el camino recorrido y de su maduración.

El AGRES constituye una experiencia única, un espacio necesario para detener el ritmo diario, mirarse hacia adentro con total honestidad y responder a las preguntas: ¿quién soy? y ¿cómo estoy hoy?, con el único fin de mejorar y seguir avanzando. Ojalá que toda persona pueda, alguna vez, hacer esa pausa en la vida para sanar y crecer como personas.

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