Tirso Blanco, una vida consagrada dedicada a la misión

El obispo Jesús Tirso Blanco, salesiano argentino que ejercía su ministerio al frente de la diócesis de Luena, provincia de Moxico, en Angola (África), falleció el 22 de febrero de 2022. Al momento de su muerte, se encontraba en la ciudad de Verona, Italia, donde realizaba un tratamiento a raíz de una larga enfermedad. Sus restos fueron trasladados a Angola, país donde residía desde 1985, primero como misionero y luego como obispo.

Su historia y su formación

Jesús Tirso Blanco nació en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires, el 3 de junio de 1957. Sus padres eran Jesús y Palmira Martínez. Sus hermanos, Stella Maris, Ismael y Walter.

En 1970 entró en el aspirantado de Ramos Mejía y en 197 hizo el Noviciado en Manucho. Profesó como salesiano el 31 de enero de 1976 y la profesión perpetua, el 24 de enero de 1982, en la Basílica de María Auxiliadora de Almagro.

Recibió la ordenación sacerdotal de manos de Mons. Miguel Raspanti, primer obispo de la Diócesis de Morón, el 28 de septiembre de 1985 en el Santuario del Sagrado Corazón de San Justo. Ese mismo año fue enviado a Angola, donde fue vicario parroquial en Dundo, párroco de Luena, director de la comunidad salesiana y párroco de Ndalatando, de 1991 a 1996.

Luego de estudiar Filosofía y Teología en la casa de formación salesiana en Buenos Aires, de 1996 a 1998 amplió sus estudios en la Universidad Gregoriana de Roma, donde consiguió el título de licenciado en Misionología.

Desde 2005 se desempeñaba como viceinspector en Angola, y dos años después, el Papa Benedicto XVI designó a monseñor Blanco obispo de la diócesis de Luena.

La personalidad de Tirso

“Narrar la vida de este gran Pastor y Hermano –dice el P. Martín Lazarte, misionero en Angola– no es fácil. Fue un hombre multifacético, inquieto, sociable, inteligente, creativo, luchador, trabajador, pragmático osado, hombre de Dios y de su pueblo. Se parecía mucho a San Pablo, física y espiritualmente. Personalidad rica y compleja, que acredita y realiza, no era siempre fácil convivir con él. Irónico y vehemente, un carácter que mediaba entre la dulzura y la violencia. Capaz de herir y sonar, de humillar y dar coraje, orgulloso de su autonomía y capaz de igualdad, apóstol de la gente, irradia alegría y conmoción interior, irradiaba potencia y era un eximio comunicador. En síntesis, era un gran organizador, un suave catequista y gran pastor”.

Algunos aspectos de su formación salesiana

En 1982, en ocasión de su ordenación de diácono, se escribió de él: “Ama su vocación y se prepara bien. Tiene en cuenta la formación salesiana y comunitaria. Podría mejorar un poco esta última”. Siempre fue un poco individualista, pero más que nada por su empuje pastoral.

Era sumamente dinámico y, donde veía una necesidad de la gente, allá corría. No hay duda que esto le sirvió después en su actividad misionera. En este mismo sentido, le decían sus formadores: “El apostolado te está polarizando demasiado. Tienes que desplazar las preocupaciones que te absorben y las salidas de los fines de semana para el apostolado. Notamos que has hecho un gran esfuerzo y que está viviendo un poco más con la Comunidad. Pero llegas tarde los sábados y domingos”.

Misionero en Angola

“Estoy en una diócesis –le escribía al P. Fabián García–, donde todo está destruido. No tengo ni siquiera una casa parroquial para los sacerdotes diocesanos ni para las Congregaciones que tendrán que venir para cubrir los 223.000 km. Así de grande como Córdoba y Jujuy juntas. Fuera de la sede, sólo hay tres comunidades de hermanas. El poco dinero que llega para eso, va para comer, que en algunos casos es difícil. Los precios son exorbitantes: una bolsa de cemento, llega a costar casi 40 dólares”.

La diócesis de Lwena estaba vacante desde el 2006. Tiene una población 333.000 habitantes, de los cuales 60.000 son católicos. Tirso se había tomado el trabajo de estudiar la lengua original de los africanos de su diócesis, porque muchos no hablaban el portugués. Por eso, tenía una gran llegada con el pueblo. La evangelización de Lwena había comenzado en 1933, pero luego se vio dificultada por la guerra, de la que fue el epicentro. En la ciudad no hay infraestructura eléctrica ni agua corriente. Muchas propiedades de la Iglesia fueron confiscadas por el gobierno comunista.

“Ahora estoy como un nómade, voy andando de un lugar a otro, pero la cercanía con la gente es muy grande. Cuando visito las comunidades, tengo que dormir en los lugares que tiene la gente, que da lo mejor que puede, prepara todo y a veces no hay camas ni colchones, ni una casa de ladrillo. Y hay que estructurar una Iglesia local robusta que tenga propuestas evangelizadoras de una sociedad de modelo de vida. Por suerte las vocaciones consagradas van en aumento igual que en Asia. Pero está todo condicionado por la situación económica y el sufrimiento. Los laicos y los sacerdotes, en Angola, tienen una convicción muy firme de su vocación. No solo para entrar al seminario, sino para propuestas de evangelización: formación de laicos para los ministerios en la Iglesia. La vocación para la misión, exige en todos los cristianos. Todos son bienvenidos, con tal de que tengan vocación auténtica, a pesar de que todas las estructuras, han sido destruidas por la guerra”, decía el P. Tirso.

El 21 de marzo del 2009, Benedicto XVI, visitó Angola y pudo comprobar el poder destructivo de la guerra civil. Entonces dijo: “Es verdad que la guerra puede destruir todo lo que tiene valor. Familias y comunidades enteras, fruto de la fatiga de los misioneros. El poder destructivo de la guerra civil. El torbellino de odio y venganza, el despilfarro de los esfuerzos de generaciones de gente de bien. Pero doy gracias a Dios de haber visitado una Iglesia viva y llena de entusiasmo, a pesar de las dificultades. Que ha sabido llevar sobre sus hombros la cruz, dando testimonio de la fuerza salvadora del Evangelio.

Crónica de los primeros días en Ndalatando

En esta semblanza del P. Tirso, tomamos sólo algunos párrafos esa crónica: “estamos colocando las últimas rejas de la casa, después comienzo a traer los pocos mubles que tengo y las Hermanas de Jesús, María y José, con las postulantas, comenzarán la limpieza. A la noche la oración. Cuando estábamos cenando llegó el Obispo, preguntando si necesitábamos algo”.

30 de enero: “Cuántos chicos y jóvenes, un ambiente salesiano de fiesta y alegría. A las 7 de la mañana llegan el P. Milán y el P. Ignacio, de Dondo. A las 8, está lloviznando. Comienza la procesión para entronizar simbólicamente al Santísimo e iniciar la Parroquia. Recibimos la estatua de maría Auxiliadora de 2 metros de altura. La Virgen sonríe y bendice a la multitud reunida. Entran los primeros jóvenes que van a residir en casa. Agradezco su amistad. A la noche comienzan la fiebre. Estoy con paludismo. Sirven algunas inyecciones, para bajar los 41° de fiebre. Vienen algas personas con sus problemas. ¿Cómo atender la gente, barrer, limpiar la casa, lavar la ropa, cocinar, con esta enfermedad? Aprovecho una tregua, para ir a buscar agua. Estamos en las manos de Dios”.

31 de enero: “Fiesta de Don Bosco. Celebro la misa. Un albañil se cayó del techo cuando se le quebraron dos vigas. Surgen las dudas sobre el material que estamos usando. Hace 15 días, la guardia de la compañía mató a un joven de 19 años, que se quería llevar unos tablones. Fue como un aviso para entender cuál es nuestra misión aquí, con los jóvenes. Atiendo las confesiones. Después de confesar, comencé a sentir escalofríos. Comencé a temblar. Afortunadamente llegó un hermano marista que corrió a llamar a las hermanas Salesas que me atendieron. ¡La iglesia tan grande y tan llena de gente, alegre y feliz! Sentía pena por los ancianos, tan solos en los bancos de la iglesia. Al final de la Misa, fueron anunciadas todas las actividades de los grupos de la Parroquia, para organizar la actividad pastoral. En el momento de la bendición final, la hermana Florentina se da cuenta de que me siento mal y me lleva para la Casa”.

“El comienzo de la misión de Ndalatando fue así. Un poco de sufrimiento, vivido como una de las tantas facetas del amor que Dios nos tiene. Cuando me levanté, los jóvenes habían venido a visitarme. Algunos lloraban. Hace sólo 6 días que me conocen. El Señor es así. Tan lleno de bondad. Vale la pena seguirlo”.

Algunos desafíos pastorales

En septiembre de 1987, escribía desde Luanda, al Inspector Salesiano de Buenos Aires. “Estoy haciendo un tratamiento en el pie. Tuve un accidente deportivo. Esperábamos al Padre Techera, pero no pasó. No tuvo tiempo. Estoy metido cona pastoral juvenil popular. La presencia en los barrios y capillas es importante para entrar con la gente. Aquí no se hacía mucho, hasta la llegada de los salesianos. Un campo importantísimo, es la pastoral familiar. Hace 30 años que estoy con este pueblo y creían conocer mucho sobre su modo de ser y tradiciones, pero veo que muchas cosas me resultan desconocidas.”

“Estoy trabajando con los marimonos jóvenes Hay temas que hasta ahora eran tabú para los misioneros. Nunca se llega a fondo. Vamos a iniciar el grupo de los ‘amigados’, matrimonios no casados. Tengo la impresión de que la Iglesia, cuando más necesitan de Dios y de la Comunidad, los abandona. Para las chicas, la primera experiencia de matrimonio estable, no depende de su voluntad, sino de lo que les manda la familia. Entre los 14 y 16 años, se encarga la familia.”

“Con las Capillas (estoy encargado de 20) lo más difícil es pasar de un sistema jerárquico y autoritario a un esquema de ‘comunidad’. Sería un gran paso para la evangelización. En cuanto a la actividad pastoral, despacito voy creciendo cuantitativa y cualitativamente. A pesar de las cosas que nos falta, de las dificultades de la guerra y de los golpes, por ejemplo, que te digan que ese pibe soldado del que eras amigo, fue herido y quedó mutilado o murió en un ataque, o que ese otro, que quería ser salesiano, fue llevado para la guerra. A pesar de todo, estoy feliz acá y voy viendo cómo Jesús va guiando nuestra vida llenándola de cosas que ni siquiera habías imaginado.

Los anhelos del pastor

Tirso Blanco fue nombrado obispo de Lwena el 26 de noviembre del 2007 por Papa Benedicto XVI. Fue consagrado el 2 de marzo del 2008, poco antes del viaje de este Sumo Pontífice a Angola, en marzo del 2009. La diócesis de Lwena, en la provincia de Moxico, era la más grande, pero también una de las más pobres de Angola. Cubría una superficie de cerca de 230.000 km2, con parroquias de alrededor de 40.000 km2 de superficie cada una, dispuestas a una distancia de alrededor de 300 km de la sede en Lwena.

Los grandes objetivos espirituales, de su programa pastoral, fueron la simplicidad de San Francisco de Sales, de Juan XXIII y Dom Eduardo André Muaca. Los objetivos, la opción por los jóvenes y su acción concreta, una vida llena de obras de misericordia.

Desde el principio de su vocación consagrada Tirso se abrió a la misión ad gentes y pidió a la Argentina, sacerdotes misioneros y también laicos que pudieran ayudar en sectores específicos, como consultorios y escuelas técnicas. Los sacerdotes que él pedía, debían ser “sacerdotes de corazón”, rezadores, de celo apostólico, que crean en la capacidad humana de su pueblo. Que tengan la capacidad de escuchar a la gente y los misioneros que encuentran, y que respeten al pueblo y la tradición de evangelización. Que recuerden que la misión, no ayuda a resolver problemas personales: hacen falta sacerdotes que den buen ejemplo de vida moral y no sean dados al alcohol. Ciertamente –terminaba– “no somos perfectos, tenemos muchos defectos, pero vas caminando con humildad, y aunque a veces asumamos algún golpe, lo soportamos con paciencia. La fe se fortifica dándola. Somos Iglesia de los pobres, pero debemos dar desde nuestra pobreza y alegría, compartiendo nuestros dones espirituales, humanos y materiales”.

Comunicador y organizador

Apenas asumió como obispo convocó un sínodo diocesano, para tener como horizonte, trabajar y caminar juntos. Se dedicó a organizar la pastoral vocacional y los seminarios. Para ello creó el Seminario Menor, un Semanario Propedéutico, el Seminario Mayor y la Formación permanente.
Comenzó a promover, “una cultura vocacional” en sacerdotes, misioneros y misioneras, centros pastorales catequizas, hogares femeninos, hogares para menores vulnerables y numerosos proyectos, como atención de leprosos, farmacias, alimentos, fuentes de agua, energía solar, bibliotecas, medicina natural y muchas otras iniciativas.

El centro y motor de toda su inmensa actividad, fue Cristo, muerto y resucitado. Su programa, el “Da mjhi animas coetera tolle”, y su metodología, “la caridad pastoral”.

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