P. Antonio Rant, intercede por nuevas vocaciones en la vida consagrada salesiana

Decía Don Bosco que cuando un salesiano muere en el campo de trabajo es un día de gloria para la Congregación. Y si bien Antonio hacía ya unos años que no estaba trabajando directamente, no solo trabajó toda su vida, sino que su enfermedad sabía ofrecerla a Dios por las vocaciones salesianas y por la Iglesia.

Antonio nació en Kranj (Eslovenia) el 28 de junio de 1836.

Pocos años después vivió en un campo de refugiados durante la segunda guerra mundial hasta que su familia pudo emigrar a la Argentina. A los 20 años hace su profesión religiosa como Salesiano en San Justo y se ordenará sacerdote en 1963 en Córdoba.

Desde entonces, fiel al carisma de Don Bosco, nunca dejó de trabajar y estudiar, desde sus labores jardineras hasta su servicio como docente y sacerdote. Pasó por varias casas salesianas en diversas comunidades. Le costó mucho dejar San Isidro para ir a Río Gallegos en la provincia de Santa Cruz; pero le costó muy poco ubicarse en esa ciudad austral y ganarse rápidamente el corazón de la gente. En Gallegos se destacó por su labor incansable como párroco y su dedicación lo llevó incluso a formar la Asociación Amigos de la Catedral con quienes pudo restaurar a nuevo aquella Catedral Histórica que por entonces acompañaban los salesianos; hasta que el Obispo lo convocó como Secretario Canciller y Vicario… y aún con esas responsabilidades vio que había un sector nuevo y muy grande que no tenía capilla, y en pocos años levantó aquel hermoso templo dedicado a San Jorge.

Después, le costó dejar Río Gallegos para regresar a Buenos Aires… pero, en cuanto llegó, nuevamente manos a la obra… hasta que por su edad y estado de salud aceptó su último destino, nuestra Casa Zatti para nuestros hermanos mayores y enfermos en Almagro.

Me tocó vivir o trabajar varias veces con él y fue, junto a Jorge Blanc, nuestro profesor de Liturgia cuando éramos pichones de curas. En la convivencia con él pude descubrir aquellos dones de fraternidad, generosidad en la entrega, trabajo, trabajo y trabajo, sostenido por una fuerte oración y capacidad de puesta al día; también su aliento para que siga estudiando y su humildad en consultar o pedirme algún material nuevo para estar al día… Y cuando se enojaba era  fácil  darse  cuenta:  se  ponía  rojo

como un tomate, pero jamás lo vi levantar la voz para manifestar su descontento.

Querido Antonio, ya llegaste a la Casa del Padre; intercedé desde allí por quienes te quieren y te recordarán siempre; intercedé por nuevas vocaciones a la vida consagrada salesiana; intercedé por aquella Diócesis austral y por sus pastores.

Nos vemos a la vuelta del camino.

Juan Francisco Tomás sdb

El padre Antonio Rant falleció el 5 de septiembre del 2022.

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