Del 24 al 26 de julio, la Casa Salesiana de Mar del Plata abrió sus puertas para realizar un encuentro para la formación, la reflexión y la fraternidad de los animadores de los Exploradores Argentinos de Don Bosco de los Batallones 10 “Brigadier Cornelio Saavedra”, 14 “General José de San Martín” y 47 “San Miguel”, de las Casas Salesianas de la región La Plata-Ensenada, y del Batallón 21 “General Juan Martín de Pueyrredón”, de la Casa anfitriona.
La propuesta, que contó con la participación de 96 jóvenes, había nacido tiempo atrás, cuando los jefes de los cuatro Batallones se juntaron a soñar un espacio de este estilo: un fin de semana para que los animadores pudieran parar la pelota, encontrarse entre ellos, compartir lo que viven en sus grupos y volver con las pilas cargadas para seguir acompañando a los chicos y a las chicas que cada fin de semana el Señor les regala en cada actividad. En esas charlas apareció una deuda pendiente con la sede del Batallón 21, donde hacía mucho tiempo que no se realizaba un encuentro regional por las distancias. Por eso, esta vez se eligió ese lugar: querían que ese Batallón fuera, por primera vez, el anfitrión y se sintiera parte desde el primer momento.
Apenas fueron llegando los animadores, entre abrazos y caras nuevas, se armó rápido el clima de encuentro. Hubo presentaciones, juegos de conocimiento y las primeras dinámicas en grupos mixtos, mezclando exploradores de los cuatro Batallones para que se conocieran de verdad.
El sábado amaneció con frío y el cielo nublado, pero eso no le bajó un cambio a las ganas de estar juntos. Por la mañana hubo espacios de formación sobre el rol del animador y el estilo de acompañamiento salesiano, con trabajo en pequeños grupos y puesta en común. Los encuentros de catequesis se desarrollaron a partir de la lectura “Los discípulos de Emaús”, con reflexiones en torno al exploradorismo y a la vida personal en todos sus ámbitos. Asimismo, los salesianos presentes celebraron el sacramento de la reconciliación para quienes lo deseaban.
Por la tarde, muy a pesar del clima, se animaron a bajar hasta la playa: hubo juegos, risas, alguna carrera improvisada contra el viento y la infaltable foto grupal con el mar de fondo. Por la noche, un fogón reunió a todos alrededor del fuego, con grandes animaciones, canciones y los primeros testimonios sobre lo que significa ser animador hoy. Luego, un momento de oración compartida ayudó a poner en palabras todo lo vivido durante el día. Antes de concluir esa jornada los animadores y las animadoras compartieron, como todas las noches, las Buenas Noches, de la que también se hizo presente al Padre Inspector, Manuel Cayo, a través de su carta de cada 24 de mes, en la que invitaba a repensar el liderazgo, el grupo por encima de los resultados esperados, la resistencia en la desventaja y el saber sostenernos en las distintas circunstancias. En cada jornada, los Buenos Días y las Buenas Noches estuvieron animadas por los Directores generales de las Casas participantes y por los asesores religiosos que acompañaron la experiencia.
El domingo cerró con una Eucaristía de acción de gracias por el encuentro y de envío, pidiendo fuerzas para la vuelta a cada Batallón y el compromiso de seguir sembrando el carisma de Don Bosco en cada oratorio.
Los y las jóvenes volvieron a sus Casas con las valijas más livianas y el corazón más lleno: nuevos amigos, ganas renovadas y la certeza de que, cuando los jóvenes se organizan para pensar en otros jóvenes, las distancias dejan de ser un problema.









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