Christian Figueredo de Villa Itatí – Esperanza Grande haciendo el Voluntariado en Trelew
“TRAYENDO LO QUE SOY”
Soy Christian Figueredo, de la obra salesiana Villa Itatí – Esperanza Grande. Actualmente, me encuentro misionando en Trelew. Tengo 30 años y no sé si es necesario, pero soy hincha de Boca.
Soy animador del Oratorio Don Bosco de Villa Itatí desde hace más de 10 años, siendo una pequeña parte de su historia en el barrio, donde el patio de la Casa es el lugar de encuentro de los distintos sectores del barrio. También acompaño a la murga de la Casa, el Centro Murga “Soy de los Tuyos”, que sigue alegrando almas y llevando el carnaval a las calles.
El deseo de hacer una experiencia de voluntariado surgió en el retiro de Junín de los Andes. Después de escuchar los testimonios de las voluntarias de ese año, algo se movilizó en mi corazón. Sentí un deseo grande de salir de mi zona de confort, de animarme a algo más grande y ponerme al servicio de otra comunidad que pudiera recibirme. Así que empecé haciendo experiencias de verano para, de alguna forma, prepararme para dar ese paso que sentía que era gigante. Creía que no podía haber otro lugar que necesitara más de mí que el barrio que me vio crecer. Pero todo es obra de Tata Dios, y el «SÍ» llegó para poder ser y hacer en otra comunidad.
Hoy, después de ese SÍ, me encuentro en el Sur. ¡Qué loco! Soy un aprendiz de la vida.
Actualmente mi experiencia se está dando en la Casa Salesiana Nuestra Señora de la Paz, en Trelew, Chubut. ¡Esta casa sí que es misionera! Oratorios, batallón, IAM, CFP, grupos misioneros, catequesis, pueblos originarios, entre otros espacios, forman parte de su vida y misión. El trabajo con la comunidad es maravilloso. Sentir que aman y dan la vida por esta Casa es obra de Dios. También es muy valioso el aporte comunitario de las personas que ponen su granito de arena para trabajar en red y ser puente en esta obra. Algo que me nutre mucho de estar en esta casa misionera es la mezcla de culturas, hoy convivo con hermanos que vienen de otros países, y eso me abrió la cabeza y me permite aprender a mirar la vida y la fe desde otros lugares. Es un regalo que me llevo para siempre.
Me conmueve mucho el acompañamiento constante en la meseta patagónica (Gan Gan, Gastre, Telsen, entre otros lugares). Fue increíble ser parte del Grupo Misionero P. Adrián Lucchiari y pasar Semana Santa en Gastre, aquel pueblo tan humilde, tan simple, tan marginado. Llegar y darte cuenta de que las familias están ahí, esperándote para encontrarse, es algo que te interpela. Me dejé interpelar y descubrí la presencia de Dios en gestos tan humanos a la hora de compartir. Poder compartir la misa me enseñó que Jesús sigue estando presente en cada vida.
Doy gracias a Dios porque me ayudó a ver las cosas de una manera distinta a como las contemplaba en el mundito de mi barrio. De mi casa de origen me traigo muchas cosas que hoy me sostienen acá, la fe, el compartir la mesa, estar atento al otro, no bajar los brazos, la amistad, la cercanía y el ponerle el corazón a todo. Me traigo mi historia, mi alegría, mi forma simple de ser y mis ganas de servir. Traigo lo que soy.
Quiero aportar mi carisma tan particular en cada espacio juvenil, fortalecer el sentido de pertenencia y valorar la importancia de cada persona. Un saludo sincero, un gesto de reconocimiento al otro, el tiempo compartido y la escucha son pequeñas cosas que hacen la diferencia y que quiero seguir ofreciendo desde el lugar que hoy me toca habitar.






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