Luego de la celebración de la misa en el día de la memoria litúrgica del beato, en que se conmemoraron los 140 años de su nacimiento, el miércoles 26 de agosto, se dio inicio a la 56° peregrinación de fe a Chimpay bajo el lema “Con Ceferino y el papa León, artesanos de humanización y paz”.
El clima primaveral acompañó todos los días. Esto fue una gran motivación para que los peregrinos se acercaran, durante todo el fin de semana, a la ermita que contiene la imagen tallada en madera del beato mapuche, revestida con los ponchos que la gente le iba dejando como ofrenda.
Las actividades culturales, recreativas y pastorales, que organizaron la Diócesis de Viedma con la parroquia salesiana Nuestro Señora de Luján, comenzaron el sábado 29. Ese día los peregrinos llegaban en bicicleta, a caballo, en caravana de autos y a pie. Gente de varios lugares de la Patagonia, de Córdoba, de Mendoza, de Santiago del Estero, de Salta, de Buenos Aires, y de muchos otros puntos del país.
Este día, entre las distintas celebraciones, por la tarde hubo dos momentos de micrófono compartido en el Polideportivo Municipal. El primero, animado por el P. Abel Iglesias, se tituló “Apasionados por la conciencia y la dignidad humana frente al desafío de la inteligencia artificial”. Luego, coordinado por el Hogar de Cristo de Viedma, con la participación de distintas personas atravesadas por los consumos problemáticos, bajo el nombre “Desafiados por las adicciones”.
En la ermita, el administrador apostólico de la diócesis del Alto Valle, Mons. Oscar Miñarro, presidió la Eucaristía.
El sábado continuó con la adoración juvenil en el Santuario del Parque Ceferiniano. Luego, se dio paso a la celebración y reflexión del fuego, a orillas del río, animado por la comunidad mapuche.
“La angustia de no llegar a fin de mes”
El domingo 30, al amanecer, se llevó adelante la rogativa mapuche en el cerro de la Cruz del Quinto Centenario. Luego, se dio paso a la bendición del fuego, al pie del cerro, mientras la banquina de la ruta nacional 22 comenzaba a llenarse de peregrinos. A las 9 de la mañana, la multitud comenzó a peregrinar hacia el Parque Ceferiniano, al que arribaron luego recorrer un poco más de 4 kilómetros en dos horas de caminata. A las 11 comenzó la misa sobre un altar que se preparó al aire libre, al lado de la ermita.
La celebración fue presidida por el obispo de Viedma, Mons. Esteban Laxague SDB, y concelebrada por Mons. Oscar Miñarro y por sacerdotes de las diócesis de la zona. Entre ellos, estuvo concelebrando el párroco de Chimpay, P. Antonio “Tono” Sánchez Lara SDB, el postulador de la causa de canonización de Ceferino Namuncurá, el P. Pedro Narambuena SDB, y el Padre Inspector de los Salesianos de Argentina Sur, P. Manuel Cayo SDB.
Entre los peregrinos, estaban el vicegobernador de la provincia de Río Negro, Pedro Pesatti, y el intendente de Chimpay, Gustavo Sepúlveda.
En la homilía, Mons. Laxague se preguntó sobre el vacío existencial de las personas que llevan a pensar en el suicidio. Asimismo, habló de la “angustia de no llegar a fin de mes”, de las personas que “están presas del negocio inmobiliario y no pueden ni siquiera pagar un alquiler de un lugar para vivir, y tienen que estar viviendo en lugares tan precarios”.
También, reclamó sobre las prioridades económicas de la explotación minera. “El fin principal de una explotación no es sumar más dinero, sino el bienestar de todos…” y sobre los derechos de los pueblos originarios: “¿Por qué postergar indefinidamente solucionar esta deuda que tenemos como país de integrar a todos los que formamos parte de esta tierra?”. Y pidió medidas comprometidas para la prevención de las adicciones y la problemática del narcotráfico: “¿Por qué ninguna política lucha contra la comercialización de las drogas? ¿Por qué ninguna política toma en serio la prevención de nuestros niños, niñas y adolescentes, y de la población en general, para evitar que tanta gente caiga en este flagelo del consumo problemático?”
Sobre la Palabra del domingo (Mt. 16, 21-27), el obispo de Viedma remarcó la profunda presencia del beato Ceferino, recordando su promesa: “Lo que no pude hacer aquí entre ustedes, lo haré desde la eternidad”. Frente a las inquietudes del presente, el prelado señaló que “sentimos su presencia, sentimos su fuerza, su ayuda que nos acerca a un Dios que nos acompaña”, e instó a los peregrinos a encontrar en el Evangelio la respuesta transformadora al proclamar: “¿A quién iremos, Señor? Solo Tú tienes palabras de vida eterna. Sólo Tú eres el Camino, solo Tú eres la Verdad, solo Tú vienes a levantarnos y eres capaz de consolarnos, de fortalecernos”.
Ser artesanos con “la realidad que tenemos”
A partir del llamado a asumir las dificultades de la vida cristiana, Mons. Laxague exhortó a la multitud a no eludir los compromisos de la fe: “No rechacen la cruz. Síganme y carguen esa cruz; pierdan la vida por la causa del Evangelio”. Explicó que este mandato exige “tomar en serio el ‘ser artesanos’, el ‘ser creadores’, saber dar los tiempos, la fatiga del artesano, del tejedor” para poder “partir de la realidad que tenemos”. En su mensaje final, el obispo abogó por un entendimiento profundo con Dios y entre los hombres, anhelando que “nos pongamos de acuerdo con Jesús para seguirlo y cargar la cruz” y “con Ceferino en que la vida es hermosa cuando uno la vive para los demás”, un propósito que, según concluyó, debe traducirse comunitariamente en una “mirada atenta, corazón sensible y brazos solidarios”, en referencia al lema de la peregrinación en 2024.
La homilía completa del obispos Esteban Laxague puede leerse aquí.
Al final, el obispo entregó dos ponchos a algunos peregrinos, como obsequio simbólico. El primero fue para los peregrinos que llegaron de Santiago del Estero. El segundo, para el grupo de peregrinos de Esquel.
Una vez más, miles de peregrinos llegaron hasta Chimpay para tocar el poncho para pedir y agradecer al peñi Ceferino. La fe sencilla de la gente fue la protagonista de este fin de semana.














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