A las siete de la mañana, y en algunos lugares casi a las ocho, un joven se levantó de sus sueños con un mensaje en la cabeza, tan ineludible como la certeza de Don Bosco en su sueño de los nueve años: “Es hoy, es hoy”. La peregrinación a la casa de María Auxiliadora estaba a solo unas horas de comenzar. Del otro lado, ya desde días antes, todos los animadores de las Casas Salesianas del Área Metropolitana de Buenos Aires estaban en sintonía mariana: llenando papeles, buscando transporte, organizando comidas y preparando materiales, entre otras tareas, para que cada pibe y cada piba que asistiera a esta experiencia oratoriana pudiera disfrutar de esta fiesta única en el año.
A las 10 de la mañana del sábado 16 de mayo comenzó el festejo. Las calles de Almagro se llenaron de alegría y la gente pasaba por el monumento a San Juan Bosco asombrada por la cantidad de niños que estaban celebrando a la Virgen. Los oratorios fueron trayendo sus bombos y redoblantes, la murga caminaba en medio de los peregrinos y el “estar siempre alegres” estaba encarnado en esas calles que llevaban a la Basílica. Durante toda la caminata se vivió una manifestación de fe, llevada adelante sobre todo por cada pibe y cada piba que ve en María a su Madre Auxiliadora.
Ya en la Basílica se vivió un momento celebrativo para los niños y una misa para los más grandes. Fueron momentos de mucha profundidad espiritual, llevados adelante por el P. Raúl “Pata” Rodríguez, de la Casa Salesiana Buen Pastor, de Isidro Casanova. Estos momentos fueron un alimento nutritivo para el alma y dieron lugar al posterior almuerzo. Luego, llegó uno de los momentos más esperados: los patios de las Casas Salesianas San Francisco de Sales, Pío IX y del Instituto María Auxiliadora se llenaron con el pretexto de pasar la tarde como Don Bosco y Maín enseñaron, a puro juego y diversión.
Al terminar los juegos todos se reunieron nuevamente en el patio del Pío IX para dar lugar a las Buenas Tardes. Cada premio que cada niño, niña y adolescente había ganado simbolizaba el abrazo de María Auxiliadora. Por eso, al final de la jornada se ataron todas las cintas que se fueron ganando en los juegos y se colocaron a los animadores dentro, en forma de agradecimiento por todo lo realizado. Ellos fueron parte fundamental de este festejo, participando activamente en la tarde y logrando que todos los niños y todas las niñas sintieran en cada gesto, el amor de María. Finalmente, cada experiencia oratoriana volvió a su casa con la certeza de haber estado en la casa de María, sintiendo el calor de su abrazo.








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