Julián Gordo, “espíritu de oración, amor por la liturgia y las celebraciones dignas”

Julián nació en España, el 18 de enero de 1947, en el pequeño pueblo de San Martín de la Cueza, en León. Fue bautizado a los pocos días en su pueblo, el 9 de febrero. Sus padres fueron Ricardo y Victoria Santasmartas, y se dedicaban a labrar la tierra. Era el más chico de seis hermanos. Su hermano Ricardo, también llegó a ser sacerdote.

A los 12 años, Julián ingresó en la Casa Salesiana de Medina del Campo, en León. Su padre había muerto de un accidente, seis meses antes, a los 65 años. Cursó sus estudios en Medina y en 1961, ingresó en el aspirantado salesiano de Cambados, en Pontevedra. En 1964, hace el noviciado en Astudillo y el 16 de agosto de 1965, la primera profesión. Poco después de sus primeros votos, parte de misionero a la Argentina, donde realiza los estudios filosóficos. El trienio lo hace en Fortín Mercedes y en 1972, el Padre Inspector Moreno lo envía a hacer la teología en la Crocetta en Turín, aunque en realidad, debió hacerla en el teologado Santo Tomás de Aquino, en Mesina, al no poder ingresar en Turín. También esta experiencia fracasa, porque el clima del teologado no parecía propicio para la formación de los jóvenes salesianos y finalmente terminó la teología en Buenos aires, entre 1974 y 1976.

Fue asistente de postnovicios en La Plata durante el 1977, y el 27 de agosto de ese año, Mons. Jorge Mayer lo ordena sacerdote en Bahía Blanca. Julián termina el profesorado en Filosofía y Pedagogía en el Instituto Terrero, de La Plata.

Ya ordenado sacerdote comienza a ser encargado de los aspirantes en Fortín Mercedes hasta 1979. En 1980 estará a cargo de la Casa Zatti, en Bahía Blanca —no es la casa e salud, sino la que hoy lleva el nombre de Casa Emaús, para prenovicios y aspirantes—. De 1981 al 1983 fue personal en la Casa Salesiana de Villa Regina, hasta que es enviado a la UPS de Roma para licenciarse en Liturgia. A su retorno a la Argentina, en 1986 vuelve a ocupar su lugar en Casa Zatti, de Bahía Blanca. De 1988 a 1991 estará en la ex Casa de la Inspectoría San Francisco Javier y, posteriormente, en el Instituto Juan XXIII hasta 1996. Luego, será párroco de Pedro Luro y rector del Santuario de María Auxiliadora de Fortín Mercedes hasta 1999. Durante una década más y hasta el 2009, lo encontramos como director, y posteriormente, párroco en Esquel. Entre el 2010 y el 2012, es director y párroco del Sagrado Corazón de San Justo y desde el 2013 reside en la Comunidad del Sagrado Corazón de La Plata, siendo el párroco de Nuestra Señora de la Merced, en Enseñada. Su último destino, fue la Comunidad de La Piedad, de Bahía Blanca, desde donde atendía, de nuevo el santuario de María Auxiliadora de Fortín Mercedes, hasta el 2017, en que es trasladado a la Casa de Salud Artémides Zatti, de Bahía Blanca. Allí, partió a la Casa del Padre el 18 de octubre de 2017.

“Mística apostólica misonera”

Sus preferencias apostólicas, él mismo las expresó respondiendo a una carta del P. Joaquín López Pedroza, en 1991: “primero, grupos instituidos de la Familia Salesiana, Salesianos Cooperadores, Damas Salesianas, Voluntarias de Don Bosco. Y segundo, el Instituto Superior del Profesorado y la animación universitaria, entre los jóvenes”. Añade en esa ocasión: “gracias por ofrecerme la oportunidad de poder expresar lo que siento”. En otra ocasión, ante un requerimiento similar, puesto por escrito en una ficha a pedido el Superior, colocaba entre sus preferencias como prioridad “la misión parroquial y misionera entre adultos”. Se refería concretamente a la experiencia pastoral, vivida en la animación de los “grupos neocatecumenales”, surgidos por ese entonces en algunas parroquias de la Patagonia. “Paciencia y estímulo”, pide para ellos, recordando cómo había surgido la evangelización en la Patagonia Salesiana. Precisamente, se acababa de celebrar el centenario de las Misiones de la Patagonia y el obispo de Río Negro había pedido la presencia de esos grupos en su diócesis. También, decía el P. Julián, al llegar a Río Negro, “Mons. Costamagna y el clérigo Botta comenzaron la evangelicen de nuestros primeros misioneros”. Para Julián esto era un signo providencia. “Los carismas los da el Espíritu”, concluía. Su trabajo verdaderamente eclesial, que se hace entre las familias, dará su fruto.

Celo pastoral y dimensión mariana

Al pedirle que vaya a Esquel, El P. López Pedroza, le dice: “reconociendo algunos de los dones que el Señor te ha regalado (celo pastoral, disponibilidad y generosidad, capacidad de organización, profundidad en las cosas que se te confían, espíritu de oración, amor por la liturgia y las celebraciones dignas, buen hermano, etc.) me ha parecido bien, pedirte que aceptes esta obediencia, con espíritu religioso, a pesar del dolor que produce todo desarraigo”. En realidad, la situación de la Inspectoría de Bahía Blanca, por entonces, las limitaciones y escasez de personal y en especial la situación de la parroquia misionera de Esquel que era la más alejada de la sede de la Inspectoría, especialmente cuando el obispo le había pedido que se encargara de la atención espiritual de la parroquia de Trevelin, totalmente alejada, hacían que Julián se armara de toda paciencia y disponibilidad y apelara a su celo pastoral.

Al enviarlo a la Casa Zatti (hoy Emaús), como formador de aspirantes, el Padre Inspector le encomendaba la misión de animar en la Inspectoría, los movimientos laicales, como animador de los Salesianos Cooperadores y asistente de las Voluntarias de Don Bosco. También le recomienda que en la Casa Zatti, comience a encargarse de hacer el discernimiento vocacional de los candidatos, antes de enviarlos a la Casa de orientación Vocacional de Stefenelli.

Poco después, el P. Joaquín López Pedroza le escribía: “agradezco tu valioso y sacrificado aporte durante tanto tiempo, que permitió el afianzarse de los centros y la clarificación del tema de los salesianos cooperadores de la Inspectoría. El Rector Mayor, en cuanto moderador supremo de la asociación, pide que demos este paso, lo que significa ciertamente, una renuncia de tu parte”. También es digno de tomar en cuenta cómo el P. Julián fue capaz —siguiendo también los conejos del Padre Joaquín— de ir aprendiendo a “dar un paso al costado”, para dejar a los laicos la iniciativa de gestionar sus instituciones y dejarlos hacer su revista y dirigir sus reuniones, animándolos con el espíritu salesiano. También tomaba en cuenta la dimensión mariana del carisma salesiano, en la animación pastoral de la comunidad del Santuario de Fortín Mercedes.

“Hacemos todo, menos de nodrizas” —decía Julián al P. Benjamín Stochetti—, refiriéndose a dejar de tener “el rol excesivamente protagónico”, de los delegados de Cooperadores, que las circunstancias les habían impuesto.

Ya cuando había estudiado la licenciatura en liturgia en la UPS, el P. Casetta le escribía: “la inspectoría espera confiada el aporte suyo valioso para la interpretación ‘salesiana’ de la liturgia. Una lectura de la liturgia y de la Biblia, en clave salesiana, o sea, alegre, ágil, optimista, juvenil, sencilla y popular”. También en el Testaccio  pudo entrar en contacto con otros dos salesianos patagónicos que lo ayudaron en su formación, el P. Szanto y el P. Valentín Rebok. Ambos con su talento y espíritu misionero, contribuyeron a la formación de Julián.

“Julián Gordo, liturgista de alma —dice el P. Fernando Arce—. Lo recuerdo con esa actitud solemne en las celebraciones, en cada gesto, preparando y entonando con su vozarrón los cantos más apropiados. Y cuando le tocó estar al frente de un colegio (Esquel), lo hizo con toda conciencia, estudiando a fondo los aspectos legales y pedagógicos. Buen hermano y muy atento, hasta en los pequeños detalles, como aquel platito de caramelos en su escritorio para ofrecer a todo el que llegara”.

¿Por qué me hice sacerdote?

Es oportuno terminar esta semblanza espiritual de Julián Gordo, con unos renglones de meditación, escritos por él mismo, en el momento de su ordenación sacerdotal:

Por qué me hice sacerdote? Nunca terminamos de responder exhaustivamente a la pregunta “¿Quién soy?”, porque la respuesta está en Dios. El misterio y la dependencia son las dimensiones más profundas del hombre. Dios es el misterio y la novedad por excelencia. Es Dios el que sabe hacer bien las cosas y nos marca el sentido de nuestra vida. No para contradecir nuestras aspiraciones; son, por el contrario, para responder mejor a ellas. Si perdemos de vista estos aspectos, queriendo obrar al margen o en contra de los mismos, caemos en la frustración y en la infelicidad.

Me hice sacerdote —continuaba—, porque Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Porque el único Espíritu me dio la gracia de contribuir con mi vida, a la edificación del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Me hice sacerdote, porque Dios me quiere. Me hice sacerdote… no sé, es tan amorosamente desconcertante todo esto, pero las cosas de Dios, son así.

Es un misterio. Y ante el misterio sólo cabe la aceptación gozosa y humilde, la acción de gracias. Sólo sé que fue Él que me eligió y no, yo a Él. Y que me amó, antes de que yo lo amara, o mejor aún, a pesar de que yo no lo amaba.

Y soy feliz, deslizando la locomotora de mi vida, por los rieles de la providencia, firmemente adheridos, a durmientes hechos de cruces más pesadas y duras que el quebracho. Es que en la escuela del amor, y esto en la escuela de la vida religiosa y sacerdotal, la primera operación que hay que hacer, es la del dolor y la renuncia. No en vano, Mamá Margarita, dio a su hijo Don Bosco el día de su ordenación: “recuerda que comenzar a decir Misa, es comenzar a sufrir”.

Por qué me hice sacerdote: porque Dios es amor. Y porque que quiero, que sienta la alegría de amar, como Él ama.

Julián

Hacia el final de su misión

Desde 1988 hasta 2000 fue delegado inspectorial para la Familia Salesiana. Acompañó con gran fecundidad a los Salesianos Cooperadores, a las Voluntarias de Don Bosco y a las Damas Salesianas.

Murió, el 18 de octubre del 2017, a los 70 años de edad, 52 de profesión religiosa salesiana y 40 de sacerdote. Fue director durante 8 años y párroco gran parte de su vida, entre los años 1986 y 2017.

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