Vicente Buccheri “abandona el almuerzo o cena si alguno lo necesita”

Vicente Buccheri nació en Quemú-Quemú, La Pampa, el 17 de marzo de 1923. Era hijo de Pedro y Maria Sesinni. Entró al noviciado en San Justo en 1942 y, el 27 de enero de 1943, realizó su primera profesión. Fue ordenado sacerdote en Córdoba el 23 de noviembre de 1952. Desarrollo su apostolado en el Teologado de Villada, Córdoba (1953-1958); en Castex, La Pampa (1959-1960); en Uribelarrea (1961-1962), en La Plata (1963-1965), en Uribelarrea (1966-1968), en Del Valle (1969), en Avellaneda (1970-1975). En 1976 viajó a Barcelona para hacer el Curso de Pastoral. Vuelve a la Argentina y continúa con su apostolado en Santa Rosa (1977-1982), en Victorica (1983-1985), en Bernal (1986-2005) y en La Plata (2006-2013). A partir del 2014 vivió en la comunidad de la Casa de Salud Artémides Zatti, en Buenos Aires, donde fallece el 11 de noviembre de 2019. Se dedicó sobre todo a la docencia. Fue 26 años director.

Formación y apostolado salesiano

Vicente fue bautizado en su pueblo natal y al poco tiempo, con su familia se afincó en Buenos Aires. Allí lo recibió el Colegio León XIII, en el barrio porteño de Palermo. En 1937, con los primeros síntomas de vocación, fue a Ramos Mejía, donde recibió la confirmación de manos de Mons. Nicolás Esandi, y luego a Bernal. El recorrido clásico de los aspirantes de aquella época. Vivió su trienio práctico en Santa Rosa de La Pampa. Cursó la filosofía en Bernal, donde se recibió de Maestro Normal Nacional y Profesor en Leras y Dibujo (título Salesiano), por el Instituto Normal de Profesores Mariano Acosta. Su vida apostólica fue la escuela en donde se desempeñó como Catequista, como Consejero y como Director. Cursó un año de Pastoral en Barcelona y, a su regreso, permaneció una larga temporada en Bernal dedicado a la pastoral, como consejero y a la parroquia como vicario parroquial. Se dedico preferentemente a la catequesis y a la enseñanza de la liturgia.

Recuerdos de su familia y del pago chico

En una entrevista concedida en noviembre de 1994 a los organizadores del Premio Divino Maestro, que le fue otorgado, el mismo Padre Vicente contó algunos datos de su vida, que resultan muy significativos. En la época de su infancia, el ambiente de Quemú Quemú, en La Pampa, era sumamente laicista y anticlerical. Era habitual que se hablara contra la Iglesia, criticando la formación y los malos tratos dados por los sacerdotes a los alumnos en sus escuelas. Es probable que este clima prejuicioso hacia la religión fuera influenciado por los partidarios de la revolución roja de España, allá por los años 30, y la persecución desatada contra los católicos. Por ese motivo, cuando el niño Vicente, preguntó a sus padres si podía ir al Colegio Domingo Savio, de Santa Rosa, se encontró con una negativa rotunda y total.

Cuando a mediados de 1935, por razones de trabajo, su familia se trasladó a Buenos Aires en busca de mejores perspectivas económicas, Vicente pudo reencontrarse con el patio salesiano, al visitar a su primo Domingo Chiófalo en el aspirantado de Bernal. Recordó la alegría y los hermosos juegos de los niños, vislumbrados apenas en el Domingo Savio de Santa Rosa y entonces renació en él, el deseo de ser parte de esa familia Salesiana que empezaba a conocer. Luego de su paso por el León XIII, por Ramos Mejía y por Bernal, a sus 15 años, ya era aspirante salesiano. Lo demás, fue viniendo y creciendo, con su formación y los estudios y la vida del aspirantado. Así, ya salesiano, la Providencia quiso que fuera a hacer el trienio y comenzara su apostolado docente en La Pampa, justamente en el Domingo Savio, de Santa Roa, el mítico Colegio con su hermoso patio, al que había querido entrar de chico y no lo había logrado. En Santa Rosa, fue luego con los años, docente y Director de la Obra, guiando a muchos alumnos y exalumnos en su vida cristiana. Esa fue justamente su gran característica como apóstol salesiano de los jóvenes. Después de tantos años en La Pampa, llegó a Bernal, donde siguió ateniendo los chicos del primario y comenzó a distinguirse en la atención de los enfermos.

Vida de Familia Salesiana

Una de las características del P. Vicente fue su espíritu familiero. También era así ad intra, con la Comunidad. En una nutrida y amistosa correspondencia epistolar con el Padre Inspector, su compañero Pedro Pozzi, se cuentan mutuamente las noticias de familia. Desde Barcelona, él manda sus experiencias del curso de formación permanente y sus impresiones acerca del mismo, que pronto comienzan a ser no buenas. A su vez, el Inspector le comunica las noticias de entrecasa, la salida de Cesáreo Martínez, el alejamiento de Burbano, la muerte de Rovarino y otras por el estilo. Él, a su vez, abre el corazón a la obediencia, aceptando las propuestas de trabajo, para el que comienza a mentalizarse.

Por cierto, el curso de Barcelona, termina por defraudar a los participantes, que no aceptan su superficialidad y poco color salesiano y llegan finalmente a presentar una nota firmada por cada uno de ellos en la que expresan los puntos de cuestionamiento y descuerdo.

Termina luego su correspondencia, con la narración de su visita por Europa: Roma y la visita al Papa, tan vital mentalmente. Luego Turín, Munich, Bélgica y la hermosa visita a Palestina y Tierra Santa.

“Renovación y fidelidad” con Don Bosco y con los tiempos

El cambio cultural sucedido durante el silgo XX, en el mundo y en la Iglesia, fue recogido por el Concilio Vaticano II, y en la Congregación, por el Capítulo General Especial 22. Las figuras del P. Luis Ricceri —sexto sucesor de Don Bosco— y especialmente del P. Egidio Viganó —séptimo sucesor— fueron el eje de renovación que llevó a los salesianos a adaptarse a los tiempos con espíritu de fidelidad y de renovación. Como todo cambio de mentalidad, fue gradual y no fue fácil adaptarse a la nueva situación, con espíritu de fidelidad a Don Bosco y la tradición, sin descuidar los grandes e impostergables cambios que la situación del mundo exigía. En muchos lugares los salesianos quedaron atrapados por las consignas de “renovación” y “fidelidad”, pero lamentablemente en forma antagónica y de lucha entre fieles o conservadores, por un lado, y renovados, por el otro. Fue un antagonismo, más que una complementación.

No cabe duda que la formación inicial y permanente fue uno de los grandes temas de meditación y acción de los salesianos de aquella época. En ese sentido, el tema de la vigencia de los aspirantados y su estructura formativa fue de vital importancia. Se imponía un cambio de las viejas formas y estructuras del aspirantado y una gran valentía y equilibrio para encontrar nuevas formas. En carta al Consejo Inspectorial de La Plata, el P. Vicente defiende la vigencia del aspirantado, en sus viejas formas, achacando todos los problemas que se encontraban en esta etapa, a la mala conducción de los salesianos a cargo. No era simplemente una falsa visión del problema de la renovación, sino una equivocada, aunque sincera posición de fidelidad combativa. La polémica, no fue fácil de solucionar en la Congregación y se requirió mucho tiempo y esfuerzo, para renovar la mentalidad. Pero no cabe duda de que—aunque equivocada—, la posición adoptada por el P. Vicente era de una gran fidelidad y amor a la Congregación.

De la misma manera, también otros inspectores como el Padre Hernando y el Padre Moure, consultaban por carta el parecer del P. Vicente sobre diversos cambios y problemas suscitados con los salesianos, acerca del traslado del aspirantado y otros problemas de mentalidad y convivencia.

La realidad salesiana en La Pampa

Con motivo de los 90 años de los salesianos en La Pampa (1896-1986), el P. Buccheri se movió mucho y organizó reuniones sobre diversos temas, como la “dimensión eclesial y salesiana” y sobre el “espíritu misionero” en General Acha y en Victorica. A parte de la situación de la Iglesia local y de la relación concreta con el Obispo de Santa Rosa, Vicente estudia el problema del espíritu eclesial, a la luz del nuevo Código y de los problemas concretos, como son, que “el director sea también párroco” y el de la “mentalidad y espíritu de las asociaciones y movimientos, los medios de comunicación, las reuniones a distancia, el manejo de la economía y la unidad de criterios en la hora actual”.

Espíritu pastoral e iniciativas de acción salesiana

Desde Bernal, en una circular dirigida al Padre Inspector y su Consejo, en respuesta a una encuesta-sondeo, para presentar iniciativas pastorales que ellos hacen a todos los salesianos, el P. Vicente propone estos temas: en primer lugar “que se reflexiones sobre la acción concreta que se realiza con los destinatarios más pobres y necesitados”. Analiza la situación de pobreza y hasta de miseria que existe en muchos lugares de la Parroquia y considerando que no basta con hablar del tema de la pobreza, sino que deben realizarse acciones concretas, propone realizar algún cursillo sobre promoción humana, llamando a algún sacerdote de los que tienen experiencia en trabajo con villas miseria. En segundo lugar, propone el “tema de las Misiones”. Se constata una ausencia de formación de comunidades cristianas, de catequistas y asociaciones laicales que se dediquen a la misión. Propone luego estudiar más “el tema del laicado” y aunar criterios sobre los laicos en nuestras casas, trazando un perfil del salesiano laico. Finalmente, que se estudie mejor “la planificación pastoral en los colegios”.

Figura moral del P. Buccheri

Después de leer esta breve semblanza, no cabe duda de que Vicente fue uno de los grandes salesianos que dieron lustre a su Inspectoría y a la Congregación. Es cierto que lo podríamos catalogar como un espíritu conservador y de “derecha”, pero fiel, trabajador, creativo y sincero. También, algo notable y característico en él fue “la alegría de espíritu” que siempre mostraba y su espíritu de comunicación atento y solícito por las necesidades de los otros. Siempre se lo veía contento y comunicativo, dispuesto a atender y servir a los demás.

Una buena síntesis de su figura moral, la dan los miembros del Consejo Parroquial de Nuestra Señora de la Guardia de Bernal: “Próximo a cumplir los 83 años de edad y 20 de permanencia en nuestra Parroquia, siendo una persona lúcida y responsable, que se brinda con absoluta dedicación a nuestra Comunidad, abandona el almuerzo o cena si alguno lo necesita, visita diariamente a los enfermos, brinda desde hace muchos años sus conocimientos bíblicos a nuestros fieles los días jueves, es muy querido en la Capilla Santa Teresita, donde atiende confesiones y son muy apreciadas sus misas. Necesitamos sus profundas homilías y disfrutamos con profunda fe, sus misas en nuestra parroquia…” (y continúan en este tono). Es bueno ver qué piensan los fieles, cómo viven ellos la relación con el sacerdote y cómo lo quieren, para dimensionar la figura moral y salesiana del P.  Vicente.

Nacido en Quemú-Quemú el 17 de marzo de 1923 y falleció en la ciudad de Buenos Aires el 11 de noviembre de 2019. Tenía 76 años de profesión religiosa, 67 años de ordenación sacerdotal y 96 años de edad.

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