“La dimensión comunitaria de la vida religiosa también es algo que me atrae”

El próximo 31 de enero, Augusto Bravo (24) hará su Primera Profesión como Salesiano de Don Bosco. Lo hará con sus compañeros Luciano Piccirilli y Mauro Rosatto.

Oriundo de Bernal, Buenos Aires, formó parte del Instituto María Auxiliadora y del oratorio homónimo.

¿Qué significa para vos este paso que vas a dar consagrándote como Salesiano de Don Bosco?

Significa un paso hacia mi identidad, mis anhelos, proyectos y felicidad. Intuyo que consagrarme como Salesiano de Don Bosco es mi modo de responder al amor de Dios. Sin dudas existen muchas formas de responder a ese Amor, pero esta es la que quiero dar hoy.

¿Cómo llegaste al noviciado? ¿Qué te atrapa de la vida religiosa?

Al noviciado llegue con muchas expectativas, pero también con la recomendación de dejarme sorprender por la experiencia y dejarme guiar por el maestro de novicios.

De la vida religiosa me atrapa la búsqueda de una unión más íntima con Dios y configurar mi persona en torno a la persona de Cristo. La dimensión comunitaria de la vida religiosa también es algo que me atrae. Rezar y trabajar juntos es todo un desafío porque nos pone de frente a los limites propios y a los ajenos. Sin embargo, esa confrontación y la ayuda de los hermanos me ayudan a crecer como persona. Por último, me atrae especialmente el espíritu de nuestra congregación que es estar al servicio de los jóvenes.

¿Qué recuerdos se te vienen a la memoria en este tiempo de preparación profunda para la profesión?

Vienen a mi memoria muchos momentos y personas. Mi paso por el oratorio donde descubrí al Dios que se hace presente entre los pibes, los animadores que son y fueron quienes me iban confirmando que mis opciones me hacían feliz, los salesianos que me fueron acompañando en estos años y el momento en el cual surgieron mis dudas vocacionales y por las cuales me emprendí en un camino que intenta encontrar donde soy más pleno.

¿Por qué eligieron ese lema del Evangelio de San Lucas?

En un principio intentamos buscar un lema distinto para cada uno que exprese el proceso personal que hicimos, pero nos dimos cuenta que los discípulos de Emaús nos reflejaban lo que vivimos comunitaria y personalmente durante los años de formación que llevamos: “No ardía acaso nuestro corazón…” (24, 32). Jesús se cruzó en nuestros caminos e hizo que nuestros caminos se cruzaran. La escucha de su palabra y el hacernos conscientes de presencia entre nosotros y los jóvenes es lo que hace arder nuestros corazones.

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