Hace 110 años un homenaje a la muerte de Don Rúa. Un documental nos regala imágenes inéditas

Todo estaba listo para la gran celebración de la Misa para celebrar los 50 años de ordenación Sacerdotal de Don Miguel Rúa el 24 de junio de 1910. El Señor lo llamó tres meses antes, el 6 de abril, a la edad de 72 años. Había pasado la mitad con Don Bosco y 22 como su Sucesor. Habían compartido todo: el pan, el trabajo, el esfuerzo, las ansiedades, las alegrías y las penas, las decepciones y las esperanzas, hasta la edad de la muerte.

Don Rúa tenía la misma pasión de Don Bosco: los jóvenes, el celo por las almas, el amor a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora de los Cristianos, amor por los sacramentos, por el Papa, la misma disposición al trabajo y al sacrificio, la misma capacidad de mortificación, los mismos fatigosos viajes, acompañado de gracias y milagros. Compartieron la aspiración a la santidad, lograda por ambos con la canonización de Don Bosco en 1934 y la beatificación de Don Rúa en 1972.

Las intuiciones del carismático Don Bosco como fundador se hicieron realidad en Don Rúa, tanto en la institución, como en la organización e incluso en la estructura. A lo largo de su misión como Rector Mayor, marcado también por grandes sufrimientos, consolidó y desarrolló la Congregación Salesiana, que se temía no sobreviviera a la muerte del fundador. Previó una inteligente descentralización del servicio de gobierno; relanzó y enriqueció los oratorios y la asociación de Salesianos Cooperadores.

Don Rúa introdujo en la sociedad salesiana nuevas formas de asistencia a los leprosos, a los enfermos y a los minusválidos; afrontó de manera salesiana el desafío sin precedentes de la “cuestión de los trabajadores”; desarrolló el patrimonio educativo y espiritual heredado con hábiles colaboradores; hizo que los educadores se prepararan para la situación mediante estudios superiores; amplió las propuestas misioneras; potenció la dimensión social de la obra salesiana de manera adaptada a los tiempos.

Todo esto se encuentra en los volúmenes que recogen las Actas de dos Conferencias promovidas con motivo del centenario de su muerte por el Instituto Histórico Salesiano (ISS) y la Asociación de Cultores de la Historia Salesiana (ACSSA).

Sus funerales no fueron menos solemnes y concurridos que los de Don Bosco. Los días 6 y 7 de abril de 1910 Turín se detuvo. Una enorme multitud de personas acompañaron al Sucesor de Don Bosco, encontraban autoridades entre las que se cuenta a la princesa María Laetitia y las condolencias que llegaron de todo el mundo.

El pasado 4 de abril, en la clausura del Capítulo General 28, se tenía prevista proyectar una increíble filmación de varios minutos con los momentos más importantes de los dos días del funeral de Don Rúa, lamentablemente la crisis y el aislamiento social truncó dicha propuesta.

Es un verdadero documental con secuencias filmadas desde varios ángulos en el interior de Valdocco, en la Plaza de María Ausiliadora, en la Vía del Cottolengo, entre otras. Si pueden ver las imágenes en movimiento de Don Rinaldi, Don Barberis, Don Lemoyne, rostros conocidos, filmados en primer plano, y con ellos la multitud de gente.

El mundo Turinés de la época se presentó ante unas cámaras alquiladas para registras y quedar para historia de esta extraordinaria celebración de los funerales de Don Rúa y con la presencia de grandes salesianos de la época. Es indudable que se debe decir que la cinematografía todavía estaba dando sus primeros pasos.

Después del aislamiento por el Covd-19, esperamos presentarlo al mundo salesiano.

Por: P. Francesco Motto, SDB,

El presidente de ACSSA

Fuente: infoans.org

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