Espacios donde se renueva la esperanza

En los barrios hay espacios, poco conocidos, que brindan oportunidades a jóvenes y adultos. Cuando la intensidad de la jornada disminuye, cuando muchos regresan a sus hogares agotados por el trabajo, otros, antes de reencontrarse con su familia y consagrarse al merecido descanso, realizan el último gran esfuerzo del día.

El atardecer suele ser el momento de mayor actividad de los Centros de Formación Profesional (CFP). Son espacios donde jóvenes y adultos se capacitan en alguna orientación con el propósito de buscar un futuro laboral más promisorio.

Cada estudiante atesora historias de superación que no trascienden, pero impactan.

Raúl Vegas, es docente del CFP 401 “San Juan Bosco”, de San Justo, partido de La Matanza. Lleva 15 años dictando los cursos de instalación de aire acondicionado y de electricidad del automóvil. Comenzó su oficio  en el taller de su padre: “Este lugar exige una actualización permanente”.

Ramiro Martínez es un joven estudiante del curso de mecánica automotriz. “El curso me está dando la experiencia básica que yo quería. Si se da la oportunidad, más adelante, me gustaría armar mi taller propio.” No es solo un lugar para aprender oficios; también es un ámbito de contención. Al respeto, Juan, otro alumno, afirma: “Si bien el curso ya terminó, sigo viniendo porque me gusta la escuela. Hay un lindo clima en este lugar”.

En otro punto del Gran Buenos Aires, en Villa Itatí, partido de Quilmes, se encuentra el CFP 412. Está ubicado a pocos metros de dos grandes villas del Conurbano bonaerense. Compartimos el testimonio de algunos de sus alumnos de este espacio salesiano:

  • Nahuel, tiene 22 años: “Estoy hace siete meses, en el Hogar de Cristo, en recuperación, a causa de las drogas. Estoy muy contento por los logros que estoy alcanzando en estos meses de lucha. Lo que más deseo es poder llevar una vida normal, estar con mi familia, poder tener un trabajito y mis cosas. Me gustaría poder formar mi propia familia, poder sostenerme con el oficio que elegí para capacitarme, y ser feliz.” Para él, el CFP es una de las puertas de acceso a una vida digna.
  • César es residente de la villa. Tiene 47 años y es oriundo de la provincia del Chaco. “Estoy desde los doce años en Itatí; hoy tengo mi propia familia, tres hijos, trabajo en una metalúrgica”. Para César, el CFP es un espacio que le brinda oportunidades de superación para su vida: “Me sigo capacitando en el oficio de herrero; me ayuda mucho”.
  • Joel, de 27 años, estuvo en el Hogar de Cristo “Padre Obispo Jorge Novak” para superar el consumo problemático de sustancias. Ahora está viviendo con su madre y está realizando el curso de cestería: “Estoy muy contento porque me gusta el trabajo artesanal y le agarré la mano rápido; me ayuda también a trabajar la paciencia. Para mí, este curso es muy terapéutico”.
  • Claudia tiene 25 años y una hija de 6años. Realiza el curso de preparación de pizzas: “Me gusta venir no solo por el curso, sino también porque me hace bien; hicimos un lindo grupo de trabajo y de amigos”. Realizar el curso le permite soñar: “Ojalá logre un emprendimiento propio de panadería, estar bien con mi hija, que no le falte nada, no depender de mi madre, que podamos ser felices”.
  • Matías, de 36 años, vive en Villa Itatí con su pareja y con su hijo. Nos cuenta: “Trabajo en gastronomía hace mucho tiempo. Este año me animé a hacer el curso de herrero y a comenzar un emprendimiento con otros compañeros del mismo curso. Estamos muy contentos porque nos empezó a ir bien. Sigo con la gastronomía y, en los momentos libres y los fines de semana, hacemos trabajos de herrería”.

Estas son historias que hablan de esperanza. Espacios que son verdaderos tesoros para estas comunidades y que hay que cuidar e impulsar, ¡siempre!

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