Frente al aislamiento digital, el valor de la comunidad y de los rituales

Del lunes 28 de septiembre al sábado 3 de octubre se celebró en Junín de los Andes la tercera y última tanda del año de los Ejercicios Espirituales. En un clima de profunda fraternidad, 27 personas —entre consagrados y laicos— se reunieron para vivir una experiencia comunitaria de intensa escucha. La actividad contó con el acompañamiento de la Lic. Sandra Hojman y del P. Miguel Haag, así como con la presencia cercana del Padre Inspector Manuel Cayo.

Bajo el lema “Elegí tu propia aventura”, el encuentro propuso tres objetivos: descansar, dedicar tiempo a las búsquedas personales y comunitarias, y profundizar la oración. El itinerario estuvo guiado por el pasaje evangélico de Juan (3, 2-3) sobre la visita de Nicodemo a Jesús durante la noche, marco que invitó a hacer dialogar la espiritualidad con las profundas transformaciones de la época.

A lo largo de los días, la dinámica integró ricas herramientas expresivas: poemas de autores como Olga Orozco, Liliana Bodoc y Hugo Mujica; canciones, pinturas, colores y masa de modelar. La propuesta diaria combinó rondas matutinas para situar las temáticas, trabajo personal, pequeños grupos por la tarde y momentos comunitarios de celebración.

El recorrido temático comenzó el lunes con la presentación de la propuesta. El martes los participantes se adentraron en la iluminación de la noche y la necesidad de “nacer de nuevo desde arriba”, aceptando la caída de las certezas frente al aturdimiento digital y las pantallas. Se buscó recuperar la oscuridad como un refugio de intimidad, silencio y discernimiento.

El miércoles se reflexionó sobre la metáfora del viento que sopla donde quiere (Jn 3, 8). Se abordó el desafío de soltar el control y reconocer que la imperfección y la falla son la marca original de nuestra humanidad, por donde puede brotar la Gracia y manifestarse la Pascua. El jueves la vivencia fue en el Via Christi. La consigna buscó activar los sentidos para pasar del aturdimiento de los datos a la intuición trascendente, dejándose conmover por la naturaleza y por las esculturas del artista Alejandro Santana.

Finalmente, el viernes se profundizó en la experiencia del Misterio (Jn 3, 11). Frente a la lógica del “like” y el aislamiento de las pantallas y las plataformas, se rescató el valor de la comunidad y la urgencia de generar rituales significativos que cuiden a cada persona, que integren las fragilidades y que propicien el encuentro genuino con el otro.

Como expresó el P. Manuel Cayo al concluir la semana, “si algo nos ofrece este tiempo, es la caída de todas las certezas: punto de partida indispensable para la indagación libre del Misterio”.

Con la gratitud a quienes hicieron posible esta vivencia y la sabiduría compartida, consagrados y laicos que participaron de esta tanda de Ejercicios Espirituales volvieron a su rutina confirmando que “la verdad que nos hace libres sabe a comunidad”.

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