El 7 de agosto el clima bendijo a la comunidad con una tarde soleada, pero fría, para reunirse en la Ermita de Zárate, ubicada en la confluencia de Av. Anta y calle Estrada. A las 16:30 h comenzó la jornada con el rezo del Rosario, elevando intenciones al Santo del Pan y del Trabajo por las necesidades de los vecinos y familias del barrio.
A las 17:00 h se dio inicio a la Santa Misa, introducida por una profunda motivación que reflejó la compleja realidad social actual. Durante la presentación se recordaron datos alarmantes sobre el contexto nacional y local: la caída de más del 50 % en el consumo de pan, el aumento de la informalidad laboral al 49 %, los casi 2 millones de niños que viven en asentamientos en el país, y la problemática crítica de la tierra en Zárate, donde familias de la zona de las lagunas y Barrio Nuevo enfrentan amenazas y desalojos.
A partir de las palabras del conocido himno de Peteco Carbajal —“El que debe responder no ha de ser San Cayetano, los que deben responder están mirando a otro lado”—, la celebración se desarrolló bajo el lema: “Con San Cayetano, Somos Misión hacia las periferias”.
En su homilía, el P. Carlos Morena destacó la importancia de asertar el compromiso como discípulos y misioneros de una “Iglesia en Salida”, llamada a defender la dignidad y los derechos humanos.
Respecto a las necesidades comunitarias y el derecho a la tierra, el P. Morena señaló: “Porque podés venir a buscar tu comida, pero sabés que es una injusticia, porque la justicia dice que vos puedas cocinar en tu casa y comer en tu mesa con la comida que vos conseguiste. Hoy venimos también a reclamar lo del trabajo y lo de la tierra. ¿De quién es la tierra? ¿La tierra que está ahí, que nadie usa, o de aquel que la trabaja? En nuestro Zárate hay gente que necesita la tierra y se asienta donde puede, en zonas inundables. No hay que mirar a otro lado, sino darles la posibilidad de que puedan vivir bien y no arrasarlas”.
El salesiano remarcó también la necesidad de tomar conciencia, comprometerse y recordar que el trabajo digno es un derecho fundamental de cada persona y no un privilegio: “San Cayetano es un santo querido porque enseguida lo identificamos con el trabajo, y el trabajo es un derecho de la persona, no un privilegio. Le pedimos a San Cayetano que nos dé fuerza, porque con cinco panes y dos pescados, Jesús dio de comer a cinco mil personas”.
Para finalizar, animó a la comunidad a transformar la fe en una presencia activa y cercana con los más necesitados: “Porque cuando compartimos, todos vivimos y vivimos bien. Compartir no es solo lo que tenés en el bolsillo, es compartir lo que somos, unir mano con mano, abrazo con abrazo. Si esta fuerza la convertimos en cercanía, encuentro, escucha y pan compartido, llenaremos doce canastas de alegría y esperanza para dar ánimo al que está caído”.






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