El grupo misionero Padre Adrián Lucchiarri, conformado por 8 integrantes de la parroquia Nuestra Señora de La Paz, de Trelew, a cargo del P. Honorio Caucamán, en Semana Santa salió de Misión a Gastre.
Esta propuesta surgió para el mes de enero de 2024, pero también se optó por compartirla en la Semana Santa. Su objetivo es dar una nueva experiencia a jóvenes con ganas de expandir su alegría y carisma salesiano. Desde la Casa Salesiana es habitual que distintos grupos salgan al encuentro de la gente de la meseta central Patagónica.
Misionar no es solo salir al encuentro con los pobladores o con el grupo de misión. Es reverse la vida en esos momentos, es descubrir pequeñas cosas que, quizás en lo cotidiano, no se aprecian.
Cada misión es distinta. Siempre hay algo nuevo que los y las jóvenes se llevan: una charla, un juego, un recuerdo que, cada vez que vuelva a la mente, va a sacar una sonrisa.
Este grupo misionero salió en Semana Santa al encuentro de los lugareños tratando de llevar esa alegría que tenía el P. Adrián (que trajo de Italia): cuando los veía llegar, los recibía con un abrazo y los invitaba a jugar a las damas o a la escoba. Y cuando se iban, los despedía con otro abrazo y con una frase que el grupo misionero tomó como lema: “Solo Dios sabe cuánto te quiero”. Esta vez, los acompañañaron el P. Antonio Integlia, de la comunidad de Trelew, y que misiona en Gan Gan con el P. Davíd García; el Hno. Agustín Camiletti, Delegado Inspectorial para la Pastoral Juvenil, que se encontraba en esos días de visita por las Casas Salesianas de la región; y los jóvenes voluntarios Ezequiel, de Bahía Blanca, y Cristian, de Don Bosco Villa Itatí.
“Hoy nos toca a nosotros seguir transmitiendo eso, pero con la tranquilidad de que no caminamos solos, caminamos junto a una comunidad que nos acompaña y nos brinda su cariño. Constantemente desde el primer momento, cuando Honorio aceptó la propuesta hasta hoy que, con la ayuda de nuestras familias, de Mabel, del Batallón 42 y del grupo misionero Mamá Margarita, nos motivan a seguir por este camino”, declararon algunas de los misioneros y misioneras.
“Algunas de las cosas que más me gustan de misionar en la meseta es sentir cómo la gente encuentra grandeza en la simpleza. También cómo puedo sentir y encontrarme con Dios, a través de las personas, en los silencios, en cada mate compartido, en los paisajes, en las miradas, en las sonrisas de cada niño, de cada niña y de cada adolescente, en mis amigos de misión… La meseta es tierra bendita y soñada por Don Bosco”, aseguró Pri, una de las misioneras del grupo.
Por su parte, Sofía, otra joven misionera, afirmó: “Decidí pasar Semana Santa en Gastre porque es un lugar donde siempre hay personas que nos esperan con los brazos abiertos y con esos abrazos que te renuevan completamente. Es cambiar de energía y relajarte; el corazón se siente como estar en casa”.
“Yo fui por un discernimiento propio, para reflexionar si quiero dedicar mi vida a los que más necesitan. Y dar luz a todos los jóvenes…”, sostuvo Bianca.






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