#NosMueveLaEsperanza – Mes de Don Bosco

En línea con la propuesta #AnimándonosEnCasa nos acercarnos en esta oportunidad a las comunidades, equipos inspectoriales del MJS y movimientos para animarnos y acompañarnos como gran familia inspectorial en el mes de Don Bosco

Si bien sabemos que como todos los años en cada casa se celebra a Don Bosco según sus propias realidades y vivencias, la siguiente propuesta no busca reemplazar ni superponerse a lo que vienen preparando. Sino a sentirnos una gran comunidad y compartir lo que se va haciendo. La propuesta está basada fundamentalmente en tres claves de reflexión, un texto bíblico y una imagen.

Para celebrar a Don Bosco, en este tiempo de pandemia en el que sobreabundan palabras como muerte contagiados, COVID y enfermos, les proponemos poner en primer lugar la palabra Vida con la certeza que Jesús resucitado venció la muerte; es por ello que somos hombres y mujeres de Esperanza. Durante este mes los y las invitamos a profundizar en el relato de la hija de Jairo, Mc. 5, 21-24 35-43.

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva”. Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”. Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme». Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!». En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.

Frente al mensaje de muerte de los emisarios de la casa de Jairo, “tu hija ha muerto”, se contrapone inmediatamente el mensaje de Jesús: “No temas, basta que creas”. El miedo conecta con la muerte y paraliza, la fe en cambio con la vida y la acción. Por eso Jesús se pone en marcha con Pedro, Santiago y Juan. Esta acción de ponerse en camino es una demostración de la vida comunicada y ofrecida por Jesús. Hoy Jesús nos sigue invitando Vida.

Frente al llanto de las personas de las personas en la casa de Jairo, Jesús vuelve a proponer un mensaje de vida y esperanza: “La niña no está muerta, sino que duerme”. Hoy el mundo llora frente a la situación de muerte que genera el COVID-19; un mundo que había naturalizado la muerte, y en el cual prevalecía la cultura de muerte, ahora llora. ¡Qué paradójico! Lo paradójico es que ahora tengamos miedo a algo en que, hasta hace menos de un año ocultábamos, le dábamos vuelta la cara o fomentábamos.

Frente al escepticismo y risas de algunas personas hacia Jesús, él vuelve a proponer un mensaje de vida y esperanza que es tender su mano hacia la niña y decirle: ¡Talitá kum! Así como Jesús tendió la mano hacia la joven para que se levante, nosotros hoy tendemos la mano pero reconociéndonos frágiles y habitando la incertidumbre, es decir asumiendo que ya no controlamos las coordenadas tiempo y espacio (¡aunque antes tampoco!). A pesar de ello muchas de nuestras comunidades han y están tendiendo la mano con comedores, merenderos, colectas, entrega de bolsones, espacios de escucha y acompañamiento, etc. Somos respuesta inmediata frente a las necesidades más urgentes. Somos salesianos y salesianas que tendemos la mano hacia la vida amenazada. Y lo hacemos en comunidad porque nadie se salva solo y nadie salva solo.

La invitación para este mes de Don Bosco es a tender la mano. Tender la mano nos devuelve la Vida y por eso la Esperanza. Tender la mano implica salir para ir al encuentro de las y los que a la vista de muchos están muertos. Tender la mano está acompañado del grito: ¡Talitá Kum!, un llamado a una nueva vida, a una conversión personal y comunitaria.
En este sentido, la primera clave que abordaremos es la de “ser impulso de Vida y Esperanza”. En segundo lugar, ahondaremos en el desafío de ser comunidades en salida para lo cual “nos ponemos en movimiento” y por último, desde la dinámica de la conversión, afirmamos convencidos la siguiente invitación: “¡ponete de pie, la Vida manda!” Estas tres claves a su vez están en sintonía con los dos subsidios: Reflexión y problematización de las prácticas educativo pastorales en tiempo de COVID y Un MJS EnRedDado, con el fin de poder seguir reflexionando y pensando nuestra presencia y significatividad salesiana en este tiempo y en los que se avecinan.

Estas tres claves son una invitación para trabajarlas en cada casa y así seguir buscando y construyendo nuevos sentidos a nuestras prácticas y actividades pastorales en este tiempo tan desafiante que nos está tocando vivir. Cada clave tiene una introducción para abrir sentidos y búsquedas con una referencia a la Carta de Identidad del MJS; una referencia a la vida de Don Bosco, una invitación a la reflexión, una propuesta celebrativa a modo de cosecha y una invitación a compartir los frutos de la celebración en un mural colectivo.