Nunca más un Lucas

La Boca, 24 de noviembre de 2021

El asesinato de Lucas González nos conmueve profundamente. Un pibe que, sin ninguna trágica excusa, termina muriendo por disparos de alguno de los tres policías de la Ciudad con los que se topa.

Todo gatillo fácil es un horror y una injusticia. Aun así, la situación vivida por Lucas y sus amigos, no la podemos comprender de esa manera, se trata de un gatillo que no justifica su presencia a metros de Lucas, apuntado a la cabeza, portado sin uniforme y presionado sin sentido.

Lucas era buen amigo, buen hijo, un pibe con sueños de fútbol y de progresar en la vida. Eso nos dicen sus familiares, lo dicen sus compañeros del club, lo dicen los pibes en nuestra comunidad que se recuerdan jugando con él algún partido de fútbol en la plaza o tal vez, en el Oratorio.

Su historia refleja a un montón de pibas y pibes que se la juegan por sus sueños, que se hacen hermanos de sus amigos y amigas y se proponen metas altas, incluso cuando más de una circunstancia se presenta desfavorable.

Este modo de ser de Lucas no hace más aberrante de lo que es a este crimen institucional. Es importante darnos cuenta que solo nos pone en la perspectiva de asumir que en nuestra sociedad se construyen relatos que salvan o desechan, justifican o condenan. Un pibe fue asesinado por la policía, no necesita que hablemos bien de él para que la indignación sea mayor. Su familia y amigos no necesitan justificar que tienen derecho a reclamar justicia. Un pibe asesinado es suficiente horror y dolor.

En nuestras comunidades constatamos cotidianamente como las pibas y los pibes viven en carne propia la exclusión, la segregación o la marginación por los estereotipos que recaen sobre ellas y ellos, ya sea por el modo de vestir, otras veces de hablar, por el color de piel, por la portación de cara, de barrio o de cuadra. La condena siempre recae sobre el pobre, el humilde.

Como hijas e hijos de Don Bosco, sentimos nuestro el dolor de los pibes y las pibas que viven estos atropellos sociales e institucionales, acompañamos el dolor de la familia y los amigos de Lucas y nos unimos a ellos para exigir Justicia. Comprendemos que como sociedad merecemos saber qué hacían los policías sin uniforme, qué tareas tenían asignadas, por qué quisieron detenerlos, por qué desenfundaron las armas, por qué les tiraron a matar… queremos que esas respuestas abran paso a la justicia y generen las acciones que correspondan para no asistir más a un hecho tan espantoso e injusto.

Confiamos en María, nuestra madre Auxiliadora, para que nos ayude a sentirnos hermanos y hermanas, nos devuelva la paz, y así, la consigna “Nunca Más un Lucas” sea un Nunca Más.

Equipo de Pastoral
Casa Salesiana San Pedro, La Boca

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