Restauración del santuario María Auxiliadora de Fortín Mercedes

 

En santuario María Auxiliadora, patrona del Agro Argentino en Fortín Mercedes, estamos realizando trabajos importantes de restauración de techos, y de la torre campanario gracias a la generosa respuesta del Rector Mayor, padre Ángel Artime. Se han iniciado los trabajos, que llevaran su tiempo. Es una alegría poder emprender esta acción para preservar este hermoso santuario en las puertas de la Patagonia. Les compartimos esta noticia y los y las invitamos a renovar nuestra devoción a María, como compromiso concreto al servicio de los hermanos y de las hermanas, en el cuidado de la vida.

En este tiempo de tanto sufrimiento e incertidumbre son muchos los que encuentran en la fe sentido y fortaleza. Los santuarios son puertas abiertas a la realidad de  ser peregrinos. Ser peregrinos que orientan sus pasos hacia esos lugares de bendición, los santuarios. Lugares elegidos por Dios, para abrazar a su Pueblo, para abrazar a sus hijos. En la escritura muchas veces aparece esa experiencia de caminar, de salir, hacia el encuentro con Dios.

En esta realidad de pandemia que estamos transitando, los santuarios, son patios, espacios donde el caminante hace un alto, renueva su fe, fortalece su corazón. Esa breve pausa, o jornada en ese oasis de paz, no está solo. Su corazón viene lleno de rostros y nombres que confía y pone bajo la protección de Dios por medio de María o de los santos.  La idea de patio porque el santuario esta generalmente abierto todo el día y a todos. Más allá del lugar de procedencia, todos en el santuario se encuentran como en su casa. Descansa su corazón y su mirada se fija en lo alto. En muchos casos, son lágrimas, son plegarias, a veces unas flores o unas velas. Lo fuerte es el encuentro personal, en el silencio de ese espacio en el que el peregrino siente la amorosa presencia de Dios. La luminosa mirada de ternura de María.

María nos ayude, como acompañó a nuestro Padre Don Bosco, a vivir esa fe, y piedad profunda y sencilla de nuestra gente. Que valoremos los santuarios como lugares bendecidos por Dios donde nos sigue educando para ser signos y portadores de su amor a los pobres.

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