Haciendo oratorio en tiempos de cuarentena

Los y las animadoras del Oratorio Ángeles Custodios de la ciudad bonaerense de Mar del Plata buscaron alternativas para estar cerca y acompañar a los chicos y las chicas y sus familias, ante las condiciones económicas y sociales que se vieron agravadas por el aislamiento social, preventivo y obligatorio como consecuencia de la pandemia.

Desde hace más de 35 años el oratorio, ubicado en el barrio Bosque grande recibe sábado a sábado entre sesenta y ochenta pibes y pibas. Habitualmente durante la mañana, la actividad principal es el apoyo escolar que es acompañado por docentes, alumnos y alumnas del nivel secundario del colegio Don Bosco. Luego del almuerzo comienza el oratorio con sus actividades y la murga Parlantes en el Corazón. Los chicos y las chicas participan de uno o de varios espacios, y de esta forma y siempre en movimiento “hacen y son oratorio”.

Pero ante la pandemia, la cotidianidad se vio modificada y los animadores del oratorio comparten como se organizaron en este tiempo:

“En primera instancia armamos un listado con las familias que forman parte de los espacios (al principio alrededor de treinta) y nos organizamos para que los animadores y las animadoras mantengan el contacto con tres o cuatro familias. Esta red de comunicación se sistematizó, y es la que sostenemos actualmente, luego de nueve semanas de aislamiento. La comunicación se realiza una, dos o tres veces por semana, de acuerdo al vínculo que se genera, las necesidades y la demanda. De esta manera, buscábamos estar cerca y generar una red de apoyo; difundir y compartir la información oficial sanitaria; garantizar el acceso a políticas públicas y hacer un relevamiento de necesidades específicas alimentarias u otras. A través de este medio también se comunica el día y horario de entrega de alimentos.

Desde la primera semana implementamos un servicio de acompañamiento alimentario. Las dos primeras entregas fueron de doce bolsones de alimentos secos que se entregaron casa por casa, y se pudieron garantizar gracias a la colaboración de amigos y amigas que se ofrecieron a realizar las compras. Posteriormente hicimos un fondo económico entre el grupo de animadores y animadora, y luego, sabiendo que la situación se extendería y la demanda se incrementaría semana a semana. A partir de la cuarta semana, también los profesores y las profesoras del nivel secundario de la escuela Don Bosco se sumaron a la propuesta con un aporte económico y material. Además de alimentos secos, los bolsones, que estimamos equivalen a un valor de $500, contienen alimentos frescos como verdura, huevos, y pollo, variando cada semana de acuerdo a las posibilidades.

Al ver que entre la cuarta y la quinta entrega la cantidad de familias que demandó el servicio incrementó de 30 a 44 familias (250 personas), hicimos una convocatoria a través de redes sociales a la comunidad en general, en la que pedimos colaboración tanto económica como de alimentos. Muchas manos se tendieron y lo siguen haciendo de forma solidaria y muy amorosa.

Al día de hoy se han realizado siete entregas de alimentos, pañales, elementos de higiene, y barbijos. También, a través a de la participación en el comité de emergencia barrial Bosque Grande, se realizó el contacto para que las familias que quisieran pudieran buscar semillas para armar su propia huerta.

Aunque relatado así parezca un montón de información dura, de números y registros, cada acción, cada paso y cada palabra se entreteje de una infinidad de gestos humanos solidarios, de miradas, y detalles que le dan sentido a todo. Desde la señora que pensó que los más chiquitos estarían aburridos en sus casas, entonces armó un block de hojas con cajitas de lápices de colores; hasta las fotos de la súper huerta hecha en el patio de una familia, y mil cosas más. Pequeñas y simples, pero que dejan entrever el esfuerzo de todos y todas; y el amor que acompaña cada acción.

Desde el momento en que empezamos a pensar de qué forma acompañar, lo hicimos con la certeza que mueve nuestra forma de habitar y hacer oratorio: nada se puede hacer en soledad. Y si hay algo que reafirman estas semanas de trabajo compartido es sus múltiples formas, es que el aguante y la salida siempre son colectivas y en comunidad. Como decimos esto, es importante mencionar también que en esta situación de emergencia queda en evidencia una cuestión subyacente, y es que quienes realizamos tareas de servicio comunitario dedicamos mucha de nuestra energía (si no es la mitad) en buscar formas de generar recursos económicos que permitan el sostenimiento de las actividades. De esta forma, como ya dijimos, en constante desafío y transformación, es que acompañamos, amamos y somos oratorio.

Como podemos y con las circunstancias que tocan; hoy: algunos desde casa, otros yendo al barrio, organizando y prestando el auto para trasladar cosas, haciendo de puente de información con otras personas, ayudando con las tareas de los pibes y las pibas, entre otras cosas. En el fondo, somos muchas manos pequeñas, haciendo cosas pequeñas, intentando reinventar este pedacito de mundo que espera con ansias fundirse en un abrazo fraterno”.

#NadieSeSalvaSolo #AnimándonosEnCasa

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