Más de 2 cuadras de fila para retirar comida de un comedor: «La gente es agradecida, pero está muy triste»

El responsable del comedor María Mazzarello de la Parroquia San Carlos del barrio porteño de Almagro que da alimentos en medio del aislamiento por la pandemia de coronavirus admite que no cumplen «con las expectativas».

Las semanas de aislamiento por la pandemia de coronavirus, si bien necesarias en cuanto a prevención, complicaron un escenario social y económico que venía malherido desde hacía varios años. Necesidades básicas como la comida se volvieron todavía más visibles y urgentes con postales como la de más de dos cuadras de cola para retirar alimentos de un comedor. Se trata de una escena simple, parte pequeña de esta realidad inesperada y única que vive el mundo, pero en la que vale la pena bucear para entender mejor la situación y para comprendernos más.

Estamos en una situación de emergencia, toda la parte social de la parroquia, el servicio de ropa para gente en situación de necesidad, la farmacia, la bolsa de trabajo, la atención psicológica, la atención médica están suspendidos por la cuarentena. Lo único que está funcionando es el comedor”, explica el padre Fabián Alonso a minutouno.com sobre el origen de la postal en tiempos de coronavirus capturada en Almagro.

“Cada día recibimos a más gente que viene a anotarse. Esto va a seguir en amento en cuanto a las bolsas de alimento»

Luego describe la situación de crisis social agravada por el aislamiento contra la pandemia del coronavirus desde la perspectiva del comedor: “Hemos puesto un tope, no podemos atender más de 250 familias. Acá en Almagro tenemos una parroquia y está ahí el comedor de San Carlos de María Auxiliadora, pero también tenemos otro comedor en el colegio San Antonio, en México 4040. Ellos también están distribuyendo bolsones de alimentos y tienen un sistema de viandas. Pero indudablemente esos servicios no cubren con las expectativas”. Poco después de hablar con minutouno.com, los salesianos abrieron otro lugar de expendio en el gimnasio del colegio San Francisco de Sales, en Castro Barros 252.

“La gente la está pasando muy mal”, insiste y revela: “Cada día recibimos a más gente que viene a anotarse. Esto va a seguir en amento en cuanto a las bolsas de alimento. Tratamos de hacer una comida sustanciosa y caliente. No queremos simplemente dar sandwinch”.

“La gente llega a la puerta, entregamos con bandejitas y cubiertos descartables, la apoyamos en una mea y la gente la retira, pero no se puede comer adentro»

“El comedor de la parroquia San Carlos y María Auxiliadora funciona hace muchos años y todas las tardes desde las 19 entrega entre 100 y 150 viandas de lunes a viernes. De la gente que era responsable del comedor, una se había jubilado en marzo y los otros dos son pacientes de riesgo por el coronavirus: uno por diabético y la otra persona por ser cardíaca. En cuanto se decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, cerramos durante diez días repensando cómo organizar el servicio y hace tres semanas que estamos con el comedor abierto”, explica Alonso sobre lo complicado de la situación y revela que tomaron recaudos para que no vuelva a repetirse una escena como aquella de las dos cuadras de cola, para poder respetar el aislamiento contra la pandemia.

“Por un lado, los martes y viernes estamos entregando bolsas de alimentos a familias que tenemos anotadas, en este momento son 250 que se llevan una bolsa por semana con no perecederos y frescos, según lo que vayamos consiguiendo. Empezamos a las 17 y desde las 16 damos números para ordenar. Los martes atendemos a las familias que tienen entre dos y tres integrantes y los viernes a las que tienen de cuatro a nueve”, detalla Alonso sobre una de las medidas para respetar el aislamiento contra la pandemia de coronavirus.

“La gente en general es muy agradecida. Se la nota muy triste, desesperanzada”

El sistema al que se refiere es la aplicación de un método de reparto en base a un censo en el que cada familia se lleva una bolsa con entre diez y doce alimentos como arroz, azúcar, leche, lentejas, duraznos en almíbar, carne de vaca o de pollo, queso, budines, cebolla, papa, calabaza, manzana, naranja y pan.

El comedor en el que trabaja Alonso se llama María Mazzarello, pertenece a la parroquia San Carlos y basílica de María Auxiliadora y está ubicado en Don Bosco y Quintino Bocayuva. Se encuentra inscrito en el servicio de los comedores de la Ciudad y una parte de lo que reparten viene por ese lado, el otro lado son donaciones de feligreses. Pero también reparten bandejas con comida preparada para personas en situación de calle.

“Son doscientas todos los días, para gente en situación de calle que se entregan personalmente. Es una por persona”, indica Alonso y agrega: “La gente llega a la puerta, entregamos con bandejitas y cubiertos descartables, la apoyamos en una mesa y la gente la retira, pero no se puede comer adentro. Esto era antes de la pandemia, es un tema de cuidado previo porque nos dimos cuenta que era un foco de contagio”.

“La gente tiene que traer documentación le hacemos una ficha con sus datos y los de los integrantes de la familia. Vamos armando un banco de datos porque los salesianos de la zona trabajamos en redes para que una misma persona no reciba el beneficio en varios lugares”, dice Alonso y cuenta: “La gente en general es muy agradecida. Se la nota muy triste, desesperanzada”.

Fuente: www.minutouno.com

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