#HistoriasdeVoluntariado – Junín de los Andes

Hoy parados en este punto del voluntariado nos damos cuenta que esto es una historia de encuentros…

Encuentro con uno mismo, con los demás y a través de ellos, con Dios…

Nos encontramos conociéndonos con la comunidad que nos recibe y acoge… En la tierra donde los primeros misioneros salesianos marcaron huellas, en la Patagonia de Ceferino y Laura…

Lugar donde muchas personas se encargan de hacerte sentir cómodo y te alientan en los momentos difíciles, porque ellas saben lo que sentimos por haberlo vivido en carne propia o por haber acompañado a tantos voluntarios en el correr del tiempo.

Definitivamente este es un sitio que tiene experiencia recibiendo voluntarios, y está abierto a conocernos…

Este contexto nos ayuda a que el acercamiento con los demás sea más sencillo y fluido…

Aprendemos en el encuentro con los pibes, que nos enseñan la belleza en lo simple, en lo cotidiano… Que hacen de una simple nevada una fiesta, donde se vive el minuto a minuto… Y de una lluvia, un parque acuático donde no importa terminar totalmente empapado… En el corazón abierto de pibas, que a pesar de realidades crudas del día a día, apuestan a creer una vez más, a dar aunque no reciban y siempre con amor… Encuentro con los más chiquitos, que enseñándoles origami, te repliegan el corazón con su pureza y espontaneidad… En el campo, donde las condiciones muchas veces son extremas, sin embargo no pierden la alegría de compartir un mate y unas tortas fritas con quienes los visitamos…

Uno sabe que la felicidad está en las pequeñas cosas, pero en el voluntariado, uno se encuentra viviendo esa felicidad en las pequeñas cosas..

Y en estas vivencias nos encontramos con el amor sobreabundante de Dios, que a pesar de nuestra pequeñez y limitaciones, nos retribuye siempre con más… Con un Jesús al cual le alcanza con nuestros 5 panes y 2 peces, porque, al compartir, Él pone todo lo demás…

Gabriel Parry y Lorena Sosa – Junín de Los Andes

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