Falleció el padre Jorge Langus

El 10 de mayo pasado falleció en la localidad bonaerense de Bernal el padre Jorge Langus.

Jorge nació en el seno de una familia cristiana; sus padres eran José, empleado en la Administración Pública de su tierra, y Antonia Omán, ama de casa. Había nacido un 12 de marzo de 1939 en Ljubljana, Eslovenia, en ese momento Reino de Yugoslavia. Los Langus eran diez hermanos, cinco mujeres (Magdalena, Marta, Inés, Flor y Antonia) y cinco varones (Juan, José, Cirilo, Primo y Jorge, el menor de todos). De estos últimos, dos más serían sacerdotes (Juan y Primo, diocesanos).

Con tan solo seis años, Jorge y parte de su familia se ven obligados a emigrar de su país. Dice él mismo: “¿Por qué estamos huyendo?, me preguntaba cuando tenía seis años, y ahora me lo puedo responder.” En 1945 Eslovenia se prepara para la resistencia a la ocupación nazi; algunos de sus hermanos estarán involucrados directamente en acciones contra los alemanes. Jorge, su madre y tres hermanos más (eran los menores) tendrán que huir rumbo a Austria para llegar, Alpes de por medio, a una Italia que los recibirá en condición de prófugos. Su padre permanecerá un tiempo más en Eslovenia: debe buscar a uno de sus hijos mayores que se ha enrolado en una nueva resistencia, esta vez contra los bolcheviques. Las pesquisas de don José no terminarán en buenas noticias: “En el camino de regreso va preguntando [el padre] en la caravana de gente que huye, si alguien conocía a mi hermano. […] Sabemos que lo llevaron a una escuela y lo tuvieron prisionero en un lugar que estaba repleto de gente y donde no les permitían asomarse por las ventanas. Pero un día lo llamaron por el nombre y cuando se asomó le dispararon. Desde entonces es un NN, nunca supimos quién lo mató y qué hicieron con su cuerpo.” El mismo José correrá similar suerte en manos de los comunistas ese mismo año.

Desde mayo del ´45 hasta mayo de 1948, los Langus pasarán por ocho campos de refugiados de la Cruz Roja Internacional. Llegarán a la Argentina luego de este periplo en busca de paz: “Yo le pregunté a mamá y mis hermanos [el motivo de la elección de la Argentina como destino], y ellos dicen porque se decía que Argentina era un país de paz. Todos los que estuvieron en la guerra no quieren saber nada mas del tema.” En esos mismos centros de refugiados Jorge hará su primera Comunión: “Recuerdo que mamá me hizo un pantalón para ese día de lona de carpa, la mejor tela que encontró en ese momento.”

Con nueve años cumplidos, Jorge se establecerá con su familia en el partido bonaerense de San Martín, y como Don Bosco, en palabras propias, tendrá su misterioso “sueño” vocacional a temprana edad: “Aún recuerdo vivamente el momento y el lugar de la primera vez que sentí que quería ser sacerdote. Mamá me mandó a comprar leche al negocio, que creo que se llamaba “Armour”, en el centro de San Martín, en la periferia de Buenos Aires, donde vivíamos cuando llegamos a la Argentina. Ahí, en la verdea, me salió del corazón: “quiero ser sacerdote.” Y me dirigí al templo parroquial que estaba a media cuadra y recé. No sé todo lo que le dije a Jesús. Pero lo repetí lo mismo.”

En búsqueda de una buena educación para sus hijos, la Sra. Antonia los había inscripto en colegios religiosos, todos ellos con pupilaje. En marzo de 1950 Jorge ingresará al Aspirantado de Bernal, donde luego de algunos contratiempos podrá estar con niños de su edad. Serán tiempos recordados con cariño y alegría: “Era feliz. Me gustaba estudiar. […] No quiero quedarme con la narración de todos los detalles porque la vida era hermosa.”

La historia continuará siguiendo el curso de su formación inicial en la Congregación Salesiana: en 1956 realizará el noviciado en Morón, haciendo su primera profesión religiosa el 31 de enero de 1957; entre 1957 y 1959 estudiará filosofía en Bernal; desarrollará su trienio práctico en Bernal mismo (1960-1961) y General Pirán (1962), en ambos lugares dictando clases; entre 1963 y 1966, pleno Concilio Vaticano II, estudiará teología en el Instituto Villada de Córdoba; será ordenado sacerdote por el Obispo del lugar, Raúl Primatesta, el 13 de agosto de 1966.

A su ministerio sacerdotal y salesiano lo desplegará en las siguientes Obras: Oratorio Centenario de Avellaneda (consejero; 1966-1967); Domingo Savio de Santa Rosa (consejero y catequista; 1968-1970); Bernal (docente; 1971-1973); Don Bosco de Quilmes (formador de estudiantes de teología; 1974-1975); Sagrado Corazón de La Plata (pastoralista en 1976 y director del Primario de 1977 a 1982); General Pico (director y párroco; 1983-1985); nuevamente en el Sagrado Corazón de La Plata (director del Primario; 1986-1989); de nuevo en el Oratorio Centenario de Avellaneda por un año (director del Primario; 1990); por segunda vez en Don Bosco de Quilmes (pastoral parroquial, 1991-1993); San Miguel de La Plata (director; 1994-1996); por tercera vez en el Sagrado Corazón de La Plata (director y párroco; 1997-1999); Casa Inspectorial ex ALP (encargado de escuelas; 2000-2002); por segunda vez en General Pico (director, ecónomo y párroco; 2003); Mar del Plata (vicario y párroco; 2004-2012); Río Grande (vicario; 2013-2018); por segunda vez en Mar del Plata (acompañamiento pastoral; 2019).

Más allá de las Casas y los encargos en las mismas, el P. Jorge Langus desarrolló durante su vida diversas tareas más amplias. Así es como lo encontramos a lo largo del tiempo desempeñándose como: delegado de los Inspectores para la Pastoral Juvenil a nivel nacional; delegado inspectorial de escuelas (1997-2000); delegado inspectorial de parroquias; delegado inspectorial de comunicación social; consejero inspectorial en la ex ALP (1997-1999; 2000-2003); asesor de los Voluntarios con Don Bosco. Sin un lugar a dudas, y como corolario de este apartado, una de sus más grandes pasiones fue el Movimiento de los Exploradores Argentinos de Don Bosco, espacio asociativo del que fue capellán regional y nacional. Al P. Jorge se le debe el “haber sido un gran impulsor de la reforma del MES y uno de los que más ha aportado para la formación, simbología y espiritualidad actual de los exploradores. Hace un par de años que ya no participaba activamente en el Movimiento: su último servicio había sido como capellán del Batallón 85 de Río Grande, desde donde había impulsado  muchos trayectos formativos comunes para los batallones de Tierra del Fuego.” (Carlos Martinic, jefe regional de Buenos Aires y Patagonia Austral).

Además de Maestro Normal (1960), Jorge Langus era Licenciado en Ciencias de la Educación (Universidad J. Kennedy, 1975). Hablaba cinco lenguas.

Finaliza esta breve semblanza con dos testimonios de los últimos tiempos: las palabras que el entonces director de Río Grande, P. Joaquín López Pedrosa, escribiera sobre el hermano al celebrarse las Bodas de oro sacerdotales; el segundo testimonio es del P. Horacio López, secretario personal del Rector Mayor.

Nos decía el P. Joaquín: “No es fácil y, al mismo tiempo, no se puede hacer en pocos renglones la presentación de JORGE LANGUS, “Iurchek” (Jorgito) para los familiares y amigos. Su infancia, enternecedora y dramática, conmueve. Su polifacética figura es conocida y amada por donde pasó. De preparación esmerada y profunda en campos que van de la pedagogía al exploradorismo, su verdadera pasión. […] Cuando fue ordenado sacerdote por el Cardenal [Raúl] Francisco Primatesta en la catedral de la capital mediterránea un lejano 13 de agosto de 1966, Jorge no dejó de ser “Iurchek”, ni de tener el alma de niño, ni de añorar los platos que la mamá solía prepararle en su lejana Eslovenia, ni de sentir presente al querido papá, que lo bendecía desde el cielo en ese momento sublime. […] A lo largo de estos 50 años, Jorge se ha demostrado muy humano, muy de Dios y muy de los chicos, porque no nos olvidemos que Jorge es hijo de Don Bosco, el padre y maestro de la juventud. Su pasión han sido los chicos, los adolescentes y jóvenes más pobres, los más humildes de los barrios de donde provenía la mayoría de sus exploradores.” (Río Grande, 12/04/2016)

Escribió el mismo día del fallecimiento el P. Horacio López: “Tuve el regalo de compartir las celebraciones del Triduo Pascual con él en Mar del Plata [este año] y quedé sorprendido de lo bien que lo vi. Estaba feliz, sereno, lleno de motivación en esta nueva etapa de su vida, reconciliado con la historia y con mucha disponibilidad para el servicio que le habían pedido en Mar del Plata. Se fue en un verdadero momento de plenitud. Lamento mucho el modo trágico y repentino, pero partió en medio de esa plenitud de vida salesiana y sacerdotal”.

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