Un tesoro en la casa de la madre

El Santuario María Auxiliadora de Fortín Mercedes albergaba un verdadero tesoro para la familia salesiana. Esa misma casa, donde también se encuentra el cuadro bendecido por Don Bosco y entregado a Juan Cagliero, atesora el manuscrito de las Memorias biográficas de Don Bosco. Volumen XVII, obra del padre Eugenio Ceria donado al padre José Parolini. En la primera página se puede leer una dedicatoria de puño y letra del Padre Eugenio Ceria: “A Don Parolini: cuando yo muera rece por mí”.

Si bien dicho volumen no estaba en el Archivo Salesiano Central de Roma, no significa que se haya perdido; estaba en una casa de la Patagonia, en Fortín Mercedes. Esta obra fue uno de los centros de formación, de espiritualidad y de animación misionera en la tierra soñada por Don Bosco. En el Santuario son varios los tesoros que hablan de la cercanía y amor de Don Bosco por sus hijos misioneros como el cuadro que preside el Santuario, bendecido por él y entregado a Cagliero o el cáliz que le regaló cuando este fue designado obispo.

Durante la extraordinaria visita del padre Natale Vitale a la Casa de Fortín Mercedes, se le presentó dicho volumen. A raíz de esto, él se puso en contacto con el padre Francisco Motto del Archivo Salesiano Central de Roma, para verificar si faltaba este manuscrito. Al recibir la confirmación, informaron sobre esto al padre inspector, Honorio Caucamán, y a Pamela Alarcón, directora del Archivo Histórico Salesiano de Bahía Blanca “Padre Pascual Paesa”, y se decide que el padre Natale lo lleve a Roma al regresar, ya que es patrimonio de la Congregación.

El 10 de octubre el padre Pedro Narambuena, rector del Santuario María Auxiliadora, junto con la Dra. Pamela Alarcón y ante el escribano Dr. Bermúdez Emilio, se registró en el acta 286 la entrega del manuscrito al Archivo Histórico Salesiano de Bahía Blanca, para que el padre Natale Vitali lo lleve a su destino final en Roma y deje una copia en el Archivo.

El padre José Parolini fue un gran misionero que recorrió la Patagonia, y que tenía una gran devoción por Ceferino, de quien se llamaba hermano. Un misionero andariego, directo en su propuesta de fe. Sus últimos años los paso en el Santuario María Auxiliadora, lo cual explica por qué quedo allí ese tesoro que recibió de manos del autor.

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