Jóvenes santos para renovar la Iglesia y el mundo

Veintiséis días de trabajo, más de 300 personas involucradas entre Padres sinodales, expertos y auditores, 14 círculos lingüísticos menores para el trabajo en grupo … Después de todo este gran compromiso, ¿qué queda al final del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional? Indudablemente mucho. Pero debemos decir en primer lugar que el Sínodo produjo un documento final rico en orientaciones, pero el Papa Francisco ha insistido manifestando que “el resultado no es el documento… Nosotros hemos hecho el documento y lo hemos aprobado, pero ahora será el Espíritu que hará trabajar en nuestro corazón”.

En el discurso a la Asamblea Sinodal, después de la aprobación del Documento Final, el Santo Padre aclaró la importancia del propio Sínodo: “no es un parlamento”, sino que es “un espacio protegido para que el Espíritu Santo puede actuar”.

La verdadera riqueza producida por el Sínodo, por lo tanto, reside principalmente en el mayor conocimiento que toda la Iglesia tiene ahora del mundo juvenil y de sus deseos, gracias a un viaje codo a codo entre los Padres sinodales y los jóvenes. La riqueza reside en la conciencia de que la Iglesia y el mundo necesitan con urgencia de los jóvenes, de su entusiasmo y de sus energías; reside en acoger una parte de las ideas ofrecidas para renovar la Pastoral Juvenil en las diócesis, en las parroquias y en los movimientos.

Después de varias semanas de escuchar la voz de Cristo a través de los jóvenes, los Padres sinodales también quisieron finalmente dirigirse a los jóvenes, a través de una carta en la que decían: “queremos ser colaboradores de su alegría para que sus expectativas se conviertan en ideales”.

La Iglesia reconoce las debilidades y los pecados, pero esperan que no sean un obstáculo para la confianza de los jóvenes; porque la Iglesia, como Madre, está lista para acompañarlos “en cada rincón de la tierra”.

Luego de haber sido aprobado por los dos tercios del Aula Sinodal, el papa Francisco autorizó que el 27 de octubre fuera la publicación del documento final de la XV Asamblea general ordinaria del Sínodo de Obispos. El texto consta de tres partes, doce capítulos, 167 párrafos y 60 páginas, incorporando la estructura del Instrumentum Laboris, reflejando de esta manera las tres fases: “reconocer”, “interpretar”, “Elegir”, como etapas del camino a poner en práctica en la vida de la Iglesia en relación con los jóvenes. También fue significativa la elección de colocar el icono de Emaús como preludio, de la imagen de Jesús que se convierte en un compañero en las calles de los hombres y sabe cómo escucharlos.

En los 166 párrafos, el Documento Final adopta una posición sobre temas relacionados con el mundo juvenil: el papel de las parroquias, la acogida de los migrantes, las condiciones de vulnerabilidad, la sexualidad, la liturgia, la capacitación matrimonial, los espacios digitales, los diferentes tipos de abuso, el ser misioneros…

Lo que emerge de todo este planteamiento es que el camino sinodal no se considera cerrado, sino que debe traducirse en la fase más importante, la fase de implementación. Y el horizonte es la santidad. De hecho, el último párrafo dice: “El bálsamo de santidad generado por la buena vida de muchos jóvenes puede curar las heridas de la Iglesia y del mundo… Los santos jóvenes nos animan a regresar a nuestro primer amor”.

Fuente: infoans.org

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