“Necesitamos de ustedes, jóvenes, piedras vivas de una Iglesia con rostro joven”: Papa Francisco en el pre-sínodo

El Papa Francisco inauguró el 19 de marzo el pre-sínodo dedicado a los jóvenes en la sede del Pontificio Collegio Internacional Maria Mater Ecclesiae en Roma y que concluirá el 24 de marzo. En medio de un ambiente sereno, dialogante y muy familiar, dedicó una mañana completa a los 300 jóvenes de todo el mundo. Quiso preparar con ellos el sínodo de obispos previsto para el próximo mes de octubre. Y sobre todo, respondido a cada una de las preguntas.

El Papa comenzó su intervención manifestando: “Les invito a que esta semana se expresen con franqueza, con total libertad. Lo he dicho y lo repito. Con cara dura. Son los protagonistas y es importante que hablen abiertamente. ‘Pero me da vergüenza, me va escuchar el cardenal’. Que lo oiga, está acostumbrado. Les aseguro que lo que digan será tomado en serio”.

El Papa escucho los informes que cinco jóvenes prepararon sobre la situación de la Iglesia en sus continentes. Ha respondido como lo haría un padre frente a las preguntas que le hace su hijo. Con sencillez y desde un corazón que tiene a Jesús en su vida, desde un Pastor que conoce a sus ovejas, las acompaña, las orienta, las anima, y les anima a seguir caminado según sus propios sueños.

Respondió a las preguntas formuladas por cinco jóvenes participantes en la reunión pre-sinodal. Una muchacha nigeriana liberada de la calle, un francés ateo, una argentina que enseña en Scholas Occurrentes, un seminarista ucraniano y una joven religiosa china.

“Ustedes son los protagonistas y es importante que hablen abiertamente”, ha recalcado el Papa y ha invitado a un “diálogo intenso”. “Fueron invitados como representantes de los jóvenes del mundo porque vuestra contribución es indispensable” y añadió que “Dios ha querido hablar a través de los más jóvenes”.

“Necesitamos reencontrar en el Señor la fuerza para recuperarnos de los fracasos, avanzar y fortalecer la confianza en el futuro – ha repetido el Papa – Y tenemos que osar senderos nuevos, incluso si implican riesgos. Debemos arriesgar, porque el amor sabe arriesgar; sin arriesgar, un joven envejece, y también envejece la Iglesia. Por lo tanto, necesitamos de ustedes, jóvenes, piedras vivas de una Iglesia con rostro joven, pero no maquillado: no rejuvenecido artificialmente, sino reavivado desde adentro”.

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